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lunes, 15 de febrero de 2021

Las neuronas que nos hacen humanos (IV) El secreto detrás del gesto

 


La evidencia experimental disponible hoy sobre el impulso de las NvE para uso de herramientas por elefantes y delfines, invita a mirar con otros ojos el registro del homo ergaster y homo erectus, para quienes las NvE, o neuronas de proyección se ofrecen como el motor detrás del gesto para querer fabricar herramientas portátiles.

El modo como las presiones selectivas del medio pudieron impulsar la integración de las funciones von Economo con las funciones de la Corteza prefrontal en la elaboración exitosa de conductas simbólicas para obtener adaptación psíquica, será abordado en las entradas del blog sobre la Emergencia de la Corteza prefrontal.

 

Introducción

La filogenia que vincula individuos de aspecto similares al nuestro, se ha enrevesado tanto, que tratar de ubicar a una especie u otra como antecesora o descendiente resulta una empresa extremadamente difícil, donde además se discute cuándo y cómo distinguir una piedra como recurso inmediato de la elaboración manual de útiles líticos.

Por tales razones, comenzaremos por ofrecer una descripción elemental del registro fósil disponible, para luego avanzar un poco sobre la necesidad de algún criterio superador que opere como una divisoria de aguas entre austrolopitecus y homínidos.

El registro fósil del árbol filogenético de la especie Homo, recibió un enorme impulso a mediados del siglo pasado, de mano de los Leakey. Durante la década de 1960, se publica la referencia al primer miembro de nuestro linaje Homo. La historia tiene como protagonista a Jonathan, hijo de Louis Leakey, quien llevaba un tiempo trabajando en el sitio africano de Olduvai. Después de varios infructuosos intentos (Kuper 1996) el pequeño proporcionó un conjunto de huesos y dientes asociados a cuarenta y ocho artefactos de piedra. Luego de estudiarlos, en 1964 publica junto a sus colaboradores, una nueva especie del género Homo, el Homo habilis (Leakey et al. 1964; Gomez Castanedo, 2012) Los ecos de este hallazgo impulsaron las conferencias Man the hunter y revolucionó el paradigma de la época. Sin embargo, con el avance de nuevos descubrimientos, Wood y Collard, (1999) entienden que quizás sea más adecuado incluir a Homo habilis dentro del grupo de los australopitecos, dadas las importantes diferencias morfológicas que existen entre H. habilis y H. sapiens.

Hallazgos recientes de huesos del pie pertenecientes a un Australopitecus Ramidus de más de 4 MA, en Etiopía, revelaron un patrón locomotor previamente desconocido e imprevisible, que combina la escalada arbórea y una forma de bipedalidad terrestre (Simpson 2019).

Por otra parte, y según arrojan recientes análisis de ADN, humanos anatómicamente modernos se cruzaron en Eurasia con Neandertales y con una población arcaica relacionada, conocida como Denisovianos (Browning et al, 2018)

Así que no todo es indefinición. Hay suficiente consenso respecto que las primeras especies de Homo, aparecen juntas en un corto espacio de tiempo.

De hecho, Homo rudolfensis, Homo habilis, Homo georgicus Homo ergaster habrían surgido entre 1,8 y 2,4 MA atrás. Nuestros antepasados se hacían presentes y comenzaba la Edad de Piedra.

O dicho con más exactitud, fue el momento cuando se comenzaron a utilizar piedras para acceder a la médula por carroñeo, como conducta adaptativa novedosa de nuestro linaje.  Esta nueva especie tenía un volumen cerebral de entre 500 y 750 cm3, podía sobrevivir con un intestino más corto, y disponía de manos liberadas que le facilitaban el transporte del alimento (Carnese y Dejean, 2015)

Se discute cuándo y cómo pudo haber ocurrido la emergencia de modos comunicativos que propicien organizaciones sociales complejas. También se debate cuándo y en qué medida la dieta pudo contribuir al aumento del cerebro. La dieta ha sido muy importante en el proceso evolutivo y resulta crucial para el desarrollo cerebral, cuyo aumento constante es uno de los rasgos característicos del registro fósil homínido. El cerebro consume muchas calorías y requiere de cierto tipo de lípidos para poder desarrollarse. (Carnese y Dejean, 2015, Gomez Castranedo 2012)

El Homo Ergaster, con un registro que lo revela como el que empezó verdaderamente a trabajar y tallar la piedra, presentaba un cerebro mayor a los 800 cm3, y un tamaño y estructura corporal muy similares a los humanos actuales.  Pero los hallazgos en Asia de Homo georgicus, de 1,8 Ma de antigüedad complicaron el rompecabezas, ya que otros académicos identificaron los restos como una forma primitiva de Homo erectus. La reconstrucción de nuestra historia evolutiva está muy condicionada por la dinámica de las excavaciones. Se explora mucho en el este de África, pero cuando se empezó a buscar en otras regiones, como el Chad, en el centro del África, también aparecieron homínidos (Carnese y Dejean, 2015) En Asia, los registros del Homo Erectus, de hace 1,5 MA con capacidad craneana aumentada hasta los 1100 cm3, no dejan de sorprender.

Hace poco más de 1 MA, mientras el Homo Erectus se extendía por Asia, África veía nacer al Homo Antecessor, un homínido con una capacidad craneal en torno a los 1000 cm3 y una altura de alrededor de 1,70 metros, bastante parecido a nosotros en tamaño y contextura física moderna, que fue el primero en llegar a Europa de acuerdo a los sitios datados (Carnese y Dejean, 2015)

Restos del Antecessor de 900.000 AP hallados en España, permiten inferir que habría dado origen al Homo heidelbergensis, homínido que se expandió por Europa entre 600.000 y 250.000 AP, y se lo vincula genéticamente con el Homo Neanderthalensis, que vivió en Europa y ciertas zonas de Asia occidental desde hace 230.000 hasta 28.000 años, cuyos individuos presentaban una capacidad craneal incluso mayor que la de los humanos modernos. (Carnese y Dejean, 2015)

De lo que no quedan dudas es que hace unos 150.000 años, en lo que hoy es Etiopía, nacía un nuevo mutante, con un cerebro que le permitió dominar el mundo.

El Homo sapiens llegaba para quedarse.

 

La búsqueda de un criterio superador

Este brevísimo repaso sobre la historia del árbol filogenético humano, continúa modificándose año tras año según los hallazgos, y ubicar a una especie u otra como antecesora o descendiente constituye una empresa marcada por innumerables juicios interpretativos, razón por la cual se impone la búsqueda de un criterio superador.

El desarrollo científico permite incorporar nuevas disciplinas que proponen nuevos enfoques en relación con la evolución humana. El estudio del patrón de crecimiento y desarrollo en las distintas especies fósiles del linaje humano permite interpretar de forma correcta el modelo de historia biológica de los individuos en su conjunto y ayuda a los investigadores a comprender mejor la evolución de nuestra especie.

Los patrones de crecimiento y desarrollo de humanos actuales y chimpancés, suelen utilizarse como parámetros (Goikoetxea y Mateos, 2011) La incorporación de los hallazgos realizados en los últimos veinte años respecto de la convergencia evolutiva de Neuronas von Economo en el antepasado común de homínidos y gorilas, ballenas y elefantes, enriquecen los patrones de crecimiento y desarrollo humano.

Contrastar tales patrones actualizados con el registro fósil disponible, permite realizar inferencias y una puesta al día sobre las hipótesis que hasta ahora se han propuesto para el patrón evolutivo de nuestra especie.

Veamos ahora brevemente el criterio que Leroi-Gourham sostuvo para definir lo humano.

 

Leroi-Gourham: el ritmo detrás del gesto

Los largos estudios de André Leroi-Gourham (1911-1986) publicados en El gesto y la palabra (1971) la permitieron observar regularidades distintivas entre el mono que se vale de piedras como herramientas para uso inmediato y el homínido que comienza a fabricar útiles líticos que después porta consigo.

Leroi-Gourham incorporó numerosos cuadros comparativos que permiten el seguimiento de los cambios adaptativos conducentes a la emergencia de las particularidades de la expresión rupestre en el Homo Sapiens, su objeto de investigación primaria.

Celebramos que no confunda el enfoque evolutivo con una mirada que ubica a las especies anteriores como inferiores al humano moderno. Tampoco que busque homologar las primeras expresiones gráficas con dibujos infantiles, ya que rechaza de plano la idea de una pictografía como “una forma de infancia de la escritura” (1971: 192) En su lugar, declara con firmeza “El grafismo no se inicia con la representación ingenua de lo real, sino con lo abstracto” (Leroi-Gourham 1971: 187)

El hilo conductor de sus reflexiones sobre el origen del arte rupestre, gira en torno a los ritmos corporales y estímulos neuronales recíprocos: “La aparición de símbolos gráficos, supone el establecimiento de relaciones nuevas entre los dos polos operativos (mano-útil /cara-lenguaje)” (Leroi-Gouram 1971: 185)

El prestigioso investigador considera asimismo que la coordinación de percepciones sonoras-visuales con los polos operativos (mano/cara) condujo a la evolución de los símbolos materiales. Para él, esto explica que “lo abstracto está realmente en la base de toda expresión gráfica” del mismo modo que “la búsqueda de una ritmicidad pura y un no figurativismo” que consiga expresar los ritmos internos (Leroi-Gourham 1971: 190)

Para respaldar sus estudios sobre arte rupestre, realizó amplios estudios comparativos de la información publicada a mediados del siglo pasado, que comparaban la forma del cráneo de diferentes organismos, o que ilustraban el aumento diferenciado de la zona cortical vinculada con la motricidad voluntaria de la mano, comparando la misma zona en los primates.

Resulta notable cómo hace medio siglo, Leroi-Gourham ofreció conceptos originales que calan el hueso de nuestra especificidad como especie.

Por el momento, vamos a tener en cuenta estas dos observaciones:

En un análisis elemental del gesto técnico, observa que la diferencia entre los monos y el primer homínido fabricante de útiles, no estriba en las posibilidades físicas, ya que los monos están perfectamente capacitados para realizar movimientos musculares similares. Leroi-Gourham distingue entre aprender una habilidad manual, y el querer hacer una herramienta. Señala que se abre un abismo entre la acción manipuladora de los monos y una mano que desencadena el proceso motor. (Leroi-Gourham, 1971: 237-239)

“El sistema nervioso lejos de ser una fábrica que produce instinto, responde a estímulos tanto internos como externos, construyendo programas… Instinto e inteligencia constituyen dos modos de programación, donde la diferencia es básicamente neurofisiológica, antes que filosófica” (Leroi-Gourham 1971: 217, 218)

 

Las NvE, el motor que impulsa el gesto

 

Como hemos visto en entradas anteriores de esta serie, muchos estudios registran el uso de herramientas por parte de elefantes y delfines. De hecho, todos hemos visto imágenes de elefantes que utilizan su trompa como una quinta extremidad.

Entonces, la incorporación de la evolución convergente de neuronas von ecónomo en grandes mamíferos, abre todo un abanico de posibilidades para realizar hipótesis e inferencias sobre el motor neurofisiológico para fabricar herramientas, por parte del Homo Ergaster.

El enorme salto cognitivo que corresponde con la emergencia de neuronas von ecónomo en homo ergaster y homo erectus, invita a mirar con nuevos ojos el registro disponible. La emergencia del sistema von ecónomo, impulsó conductas iniciales similares a las observadas en otras especies altamente sociales, todas caracterizadas por una evolución relativamente reciente, una maduración lenta, una tasa de reproducción baja y pocas crías (es decir, especies K-selectivas), un cerebro muy grande y un gran tamaño corporal dentro de sus grupos.

Todas las especies con neuronas von economo, exhiben complejos patrones sociales que incluyen habilidades de comunicación complejas, cooperación, armado de estrategias, transmisión cultural, incluso el uso de herramientas (Krutzen et al, 2005; Hof y Gucht, 2007; Hakeem, 2008; Rendell y Whitehead, 2001 y 2003; Whitehead, 1998) Y lo hicieron con un  modo de comunicarse que, aún sin articulación, parece haber sido más efectivo para ponerse de acuerdo entre ellos que nosotros con toda nuestra parafernalia.

El registro disponible tanto del homo ergaster, como del homo erectus, nos revelan criaturas que además del uso de herramientas, debieron elaborar estrategias de orientación para no migrar en círculo, y estar lo suficientemente alertas como para descubrir tempranamente el manejo del fuego. Los hallazgos van corriendo hacia atrás la evidencia de fogones utilizados por h. ergaster y h. erectus, aunque no podamos precisar si en principio trataron de mantener el fuego proveniente de incendios, o comenzaran a generarlo. El manejo del fuego en sí mismo representa todo un salto cognitivo, dado el notable terror que genera en los animales. El homo se percató tempranamente, que mantenerlo encendido contribuía a mantener alejadas a las fieras, y las piezas al rescoldo proporcionaron alimento seguro. (Berna et al, 2012; Weiner et al, 1998)

Es hora de reconocer de una vez por todas que se trataban de criaturas inteligentes y exitosamente adaptativas, pese a carecer de corteza prefrontal.

(Fragmento de Arqueología del Símbolo, en preparación por Vivina Perla Salvetti)

 

Para concluir, en el vídeo a continuación, el experimentado arqueólogo argentino Carlos Aschero, nos recuerda que la herramienta siempre fue vista como una extensión de la mano:


 



En la próxima entrada, analizaremos si el registro disponible nos ofrece pistas para identificar o no como simbólica muchas conductas del neanderthal.

¡Hasta entonces, amigos!

El modo como las presiones selectivas del entorno pudieron impulsar la integración de las funciones von Economo con las funciones de la Corteza prefrontal en la creación exitosa de símbolos para obtener adaptación psíquica, será abordado en las entradas del blog sobre la Emergencia de la Corteza prefrontal (Salvetti 2015 y 2017)

En la próxima entrada, analizaremos si el registro disponible nos ofrece pistas para identificar como simbólica muchas conductas del neanderthal.

¡Hasta entonces, amigos!

 

Bibliografía:

 

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HAKEEM A, et al (2008) “Neuronas von Economo en el cerebro del elefante” Anat. Rec. 292: 242-248  https://doi.org/10.1002/ar.20829

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