Buscar este blog

martes, 24 de octubre de 2023

Tener o Ser en este tiempo, Reflexiones.

 

Más allá de circunstancias propias de su época como la amenaza nuclear o la carrera armamentista, el pensador y psicoanalista Erich Fromm fue suficientemente lúcido para notar que éstas no eran sino expresiones de causas en realidad mucho más profundas y significativas. Es decir, que quizá los líderes de entonces podían firmar acuerdos de desarme o de pacificación, pero mientras no se resolvieran conflictos internos y profundos del ser humano, problemas como la guerra o la devastación de la naturaleza continuarían existiendo.

En ese sentido, Fromm no se equivocó.

Hoy, casi ochenta años después de la publicación de sus obras mayores, es posible decir que su diagnóstico es todavía válido y merece ser tomado en cuenta. Si hacemos eco de sus ideas podemos decir que todavía hoy actitudes como el egoísmo, la compulsión de tener, la pobre idea que el ser humano tiene de sí mismo (en un sentido existencial y filosófico), entre otros aspectos donde se conjugan la formación psicológica y la vida en sociedad, son causas de fondo que aún hoy nos llevan a tener comportamientos nocivos o francamente autodestructivos, tanto a nivel individual como colectivo.

Como decíamos, al hablar del “hombre nuevo” (hombre en un sentido general, como ser humano), Fromm trazó un panorama amplio de las condiciones necesarias para generar un cambio auténtico en la forma de vida humana y, con ello, mejorar significativamente nuestra relación con el mundo, la naturaleza y con el planeta en general. Según Fromm, si el ser humano quiere no sólo sobrevivir, sino además convivir en armonía con su entorno (con sus semejantes y con la naturaleza), está llamado a desarrollar y cultivar las siguientes cualidades:

ü  Disposición a renunciar a todas las formas de tener, para poder ser plenamente. 

 

ü Sentir seguridad, tener un sentimiento de identidad y confianza basado en la fe en lo que uno es, en la necesidad de relacionarse, interesarse, amar, solidarizarse con el mundo que nos rodea, en vez de basarse en el deseo de tener, poseer, dominar al mundo, y así volverse esclavo de sus posesiones.

 

ü Aceptar el hecho de que nadie ni nada exterior al individuo le da significado a su vida, sino que esta independencia radical y la no cosidad pueden llegar a ser la condición de la actividad plena dedicada a compartir e interesarse por sus semejantes.

 

ü Estar plenamente presente donde uno se encuentra.

 

ü Sentir la alegría que causa dar y compartir, y no acumular y explotar.

 

ü Amar y respetar la vida en todas sus manifestaciones, sabiendo que no es sagrada la cosa ni el poder, ni lo que está muerto, sino la vida y todo lo que contribuye a su desarrollo.

 

ü Tratar de reducir en la mayor medida posible la codicia, el odio y los engaños. 

 

ü Vivir sin adorar ídolos y sin engaños, porque se ha alcanzado una situación en que no se requieren engaños.

 

ü Desarrollar la capacidad de amar, y el pensamiento crítico, no sentimental.

 

ü Desprenderse del narcisismo y aceptar las trágicas limitaciones inherentes a la existencia humana. 

 

ü Hacer del pleno desarrollo de sí mismo y del prójimo la meta suprema de vivir. 

 

ü Saber que para alcanzar esta meta, es necesaria la disciplina y respetar la realidad. 

 

ü Saber que ningún desarrollo es sano si no ocurre en una estructura, pero conocer también la diferencia entre la estructura como atributo de la vida, y el "orden" como atributo de no vivir, de la muerte. 

 

ü Desarrollar la imaginación, no para escapar de las circunstancias intolerables, sino para anticipar las posibilidades reales, como medio para suprimir las circunstancias intolerables. 

 

ü No engañar, pero tampoco dejarnos engañar por los otros; se puede admitir ser llamado inocente, pero no ingenuo. 

 

ü Conocerse, y no sólo el yo que uno conoce, sino también el yo que no conoce, aunque tenga un conocimiento vago de lo que no conoce. 

 

ü Percibir la unión con la vida, y por consiguiente renunciar a la meta de conquistar a la naturaleza, someterla, explotarla, violarla, destruirla, y en vez de esto tratar de comprender y cooperar con la naturaleza. 

 

ü Gozar de una libertad no arbitraria, sino que ofrezca la posibilidad de ser uno mismo, y no un atado de ambiciones, sino una estructura delicadamente equilibrada que en todo momento se enfrenta a la alternativa de desarrollarse o decaer, vivir o morir. 

 

ü Saber que el mal y la destrucción son consecuencias necesarias de no desarrollarse. 

 

ü Saber que sólo muy pocos han alcanzado la perfección en todas esas cualidades, y ser, sin la ambición de "alcanzar la meta", reconociendo que esta ambición sólo es otra forma de codiciar, de tener. 

 

ü Ser feliz en el proceso de vivir cada día más, sin importar el avance que el destino nos permita realizar, porque vivir tan plenamente como se pueda, resulta tan satisfactorio que es difícil preocuparse por lo que uno logra o no. 

Sin duda hay varios de estos postulados que merecerían una exposición mucho más detallada (por ejemplo, los que conciernen al narcisismo o a la obsesión de tener a la que nos orilla el sistema cultural y social en el que vivimos). Para ello recomendamos al lector acercarse a la obra en su conjunto, ¿Tener o ser?, pues estos puntos son en buena medida síntesis o conclusiones provisionales de las ideas desarrolladas en los apartados previos del libro.

Con todo, aun en esta forma es posible vislumbrar el corazón de la propuesta de Fromm. En términos generales puede decirse que Fromm apuesta de lleno y permanentemente por la vida, es decir, por actuar siempre en función de todo aquello que contribuya a la preservación y la proliferación de la vida, tanto de la propia como de la que nos rodea. 

Con espíritu filosófico, Fromm intenta que reconozcamos todos esos hábitos, aspectos de personalidad y patrones mentales y de conducta que únicamente contribuyen a sostener y fomentar ciertas formas de malestar o, dicho de otro modo, que de algún modo entorpecen el flujo libre de la vida. El egoísmo que mencionamos anteriormente, el temor a vivir, el miedo a la libertad, la persistencia en la ignorancia, la sumisión… en fin, la lista puede ser demasiado extensa, pero curiosamente el remedio para todo ello es, desde la perspectiva de Fromm, uno solo: el amor por la vida. 

Si somos capaces de entender en qué consiste realmente la vida –dejando de lado las conceptualizaciones y relatos que el ser humano se ha hecho de ella a lo largo de tantos siglos de existencia parcialmente consciente– quizá entonces nos demos cuenta de que esta es una razón más que suficiente para intentar lo que hasta ahora el miedo nos ha hecho creer imposible: probar nuevas formas humanas de ser y estar en el mundo animadas por el entusiasmo de vivir más y, viviendo, permitir que todo a nuestro alrededor también florezca. 

 

El texto de Fromm Tener y Ser está disponible en el siguiente enlace:

https://jesuitas.lat/uploads/tener-y-ser/ERICH%20FROMM%20-%201976%20-%20TENER%20Y%20SER.pdf

 

 (Agradecemos a Pijama Surf)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario