Buscar este blog

jueves, 2 de agosto de 2018

Jean Rouch - Filmografía completa - Metadatos



Hola Amigos.

En esta ocasión comparto con ustedes la lista completa de los films realizados por el antropólogo visual francés, Jean Rouch (1917-2004).

 Invitamos a realizar un breve escaneo visual para descubrir los metadatos emergentes de la lista. Recordamos que los metadatos son aquellos "datos sobre los datos" que ofrecen información descriptiva relevante sobre tiempo, espacio y contexto de tales datos.

Los metadatos de la filmografía completa de Rouch, (99 películas, sufrió un accidente automovilístico fatal mientras estaba realizando otra más) representan aquellos elementos que ofrecen información sobre cuándo y dónde fue producido cada film que a su vez admite contextualizarse  con la información publicada por el realizador respecto de cada película de la filmografía. De la comparación de todos los datos se puede abstraer información valiosa de cada film y  su autor.


Los críticos y analistas de Cine han escrito mucho sobre Rouch a partir de Crónica de un Verano (1961) película realizada conjuntamente con el sociólogo Edgar Morín, de quien fue su primera experiencia en rodaje, a pesar que Rouch ya había cosechado varios premios en Festivales de Cine Etnográfico, y fue la razón para invitarlo a hacer etnografía urbana.

 

La brevísima y única experiencia de Morín como co-realizador de Crónica de un verano parece no haberlo cohibido para escribir de modo inconsulto Cronique d’un film, publicado en Domaine Cínéma I, Interspectacles-Lherminier, París, invierno de1961-1962. El texto presenta a Morín (un desconocido teórico de cine sin conocimientos de montaje y ninguna experiencia previa)  en paridad de condiciones con Rouch (un multipremiado etnógrafo visual, con quince años de trayectoria).

El pomposo manifiesto fue publicado  para acompañar el estreno de Crónica de un verano.

Cronique d’un film,  intentó reproducir la presentación del Manifiesto Kinó-Pravda (el cine-verdad de Vertov) que acompañó el estreno de El hombre de la cámara en la década de 1920. Entre 1922 y 1923, el cienasta ruso Sziga Vértov y su esposa, Svílova, la mejor montajista de su tiempo, habían publicado varios manifiestos en publicaciones de vanguardia, desarrollando su teoría del Cine-Ojo.

Morín describe en 1960 la película Crónica de un verano como un experimento realizado en París pero también una experiencia vivida por sus autores y actores. En el texto, Morín sostiene que intenta superar dialécticamente diferentes géneros de cine, en búsqueda de la Verdad.

Sin embargo, muchos antropólogos tenemos razones para inferir que Rouch nunca estuvo del todo de acuerdo con el contenido del Manifiesto de Morín.

En 1973, Rouch escribió “La Cámara y el Hombre” precioso escrito donde tiene oportunidad de compartir su larga búsqueda de un lenguaje visual propio, que oscila entre la “Cámara participativa “de Flaherty y el Movimiento constante de la cámara para captar la realidad, propuesto por Vertov. El pdf del artículo está disponible en internet y el link para acceder a una traducción amateur al español se encuentra a pie de página)

 

¿Qué nos dicen los metadatos?

Un breve barrido visual de la lista filmográfica nos advierte que, cuando Rouch fue invitado a filmar a París en 1960, ya contaba con quince años como realizador de filmes etnográficos desde 1945.

El mismo Rouch había comentado en entrevistas que su primera experiencia etnográfica con la cámara al hombro ocurrió luego de un accidente con su trípode, y fue vivida por el antropólogo "como una revelación", que lo impulsó a buscar un camino propio y original para registrar los procesos espontáneos de identidad-alteridad de todo grupo humano.

 

Otro aspecto llamativo que surge de su filmografía, confirma que, luego de filmar Crónica de un verano conjuntamente con Morín, Rouch no se quedó en París, sino que volvió a su querida África para seguir filmando allí.

 

Está claro que si hubiera estado de acuerdo con los conceptos publicados por Morín sobre el cinema-verité, era de esperar que Rouch siguiera desarrollándolos y difundiéndolos, como hacen la mayoría de los investigadores sociales. Sin embargo, para confirmar que Rouch nunca definió su enfoque como cinema-verité, contamos con el registro de su propia voz en off introduciendo Crónica de un Verano, como una experiencia en cinema-realité.

Concordamos con Rouch que cinema-verité y cinema-realité no son lo mismo en cine documental.

Quizás eso explique por qué observamos a  Rouch buscando difundir a partir de 1961, que en  Crónica de un verano se propuso generar experiencias de cinema-realité.

A partir de la confusión generada por Morín luego de una presentación pública que lo ubicaba en paridad con Rouch (si fue por burda ignorancia en el tema o por mala fe, no nos corresponde a nosotros dirimirlo)  observamos a Rouch a partir de entonces buscando un término superador que describa adecuadamente su abordaje original.

En cada uno de sus artículos y entrevistas posteriores a 1961, además de mencionar su cinema-realité, (hasta el día de hoy muchos están convencidos que cinema realité-y cinema verité significan lo mismo) Rouch incorporó términos como Etno-ficción y Cine-sinceridad, sin terminar de decidirse finalmente por ninguno.

Por otra parte, también resulta llamativo que no hallemos en las entrevistas realizadas a Rouch después de 1961 ni una sola mención que considere la validez documental del cinema-verité propuesto pomposamente por Morin de modo inconsulto, como catalizador de elementos discursivos en pos de una Verdad absoluta y elusiva.

Como muchos interesados en Antropología Visual sabemos, luego de muchas discusiones y debates a partir de 1920, hay enorme consenso entre los cineastas (también debiera serlo entre los investigadores sociales) para distinguir que una cosa es la Realidad a partir de hechos captados por el realizador, y otra muy diferente es la Verdad absoluta, elusiva por definición, y a la que solo podemos aproximarnos a medida que pasa el tiempo.

 

Cada uno de los hechos históricos mencionados sobre el desencuentro entre Rouch y Morín durante el rodaje de Crónica de un verano, cuentan con testigos que fueron entrevistados para el rodaje de la peli homenaje A propos d'un été (2012)  y aún recuerdan las discusiones entre Morín y Rouch, donde el desconocido autor hasta entonces de un solo un libro sobre teoría del cine, le discute al multipremiado Rouch cómo debe manejar la cámara y dirigir las escenas. Muchos tenemos la impresión que Morín escribió su pomposo manifiesto para presentarlo como si fuera de ambos, factor que quizás nos permite entender por qué, una vez realizada la película Crónica de un verano, Rouch se apresuró a tomar distancia física y luego conceptual del pomposo contenido de Cronique d’un film, publicado en el París de 1961. 

En esta entrada también compartimos el vídeo de una entrevista realizada a Rouch varios años después de 1961, que lo muestra describiendo que en Crónica de un verano buscó generar una experiencia  de cinema-realité en los participantes. Lo dolorosamente llamativo es que, para la entrevista realizada en inglés, se incluye la introducción original de Crónica de un verano donde descubrimos con estupor que, a pesar que la voz original de Rouch menciona claramente el término cinema-realité, los subtítulos lo desmienten por completo y traducen la frase como experimento en busca de la Verdad.



 Sirva esta breve reflexión como reconocimiento a un enorme Creador y sin dudas, ejemplo de Ética en Antropología Visual.




Filmografía Completa de Jean Rouch


La rêve plus fort que la mort ( co-director Bernard Surugne,2002)
Faire-part: Musêe Henri Langlois (1997)
Moi fatigué debout, moi couché (1997)
Madame L’Eau (1998)
Cantate pour duex généraux (1990)
Liberté, égalité, fraternité, et puis après… (1990)
Folie ordinaire d’une fille de Cham (1988)
Boulevards d’Afrique (co-director Tam-Sir, 1988)
Enigma (co-directores Alberto Chiantaretto, Marco Di Castri, Daniele Pianciola, 1987)
Brise-Glace (co-directores Raoul Ruiz, Tille Tömroth, 1987)
“Dionysos” (un episodio de Paris vu par…20 ans après, 1984)
  Portrait de Raymond Depardon (co-director André Lenôtre, 1983)                                                                          
 Yenendi Gengel (1982)
Le vieil Anaï (co-director Germaine Dieterian, 1979)
Sini Siddo Kuma (1978)
Ciné-portrait de Margaret Mead (1977)
Fête des Gandyi Bi à Simiri (1977)
Hommage à Marcel Mauss: Germaine Dieterien (1977)
Hommage à Marcel Mauss: Marcel Levy (1977)
Ispahan: letter persanne 1977 (1977)
Badye, the Storyteller (co-director Inoussa Ousseini, 1977)
Makwayela (co-director Jacques d’Arthuys, 1977)
Babatu (1976)
Médecines et médecins (co-director Inoussa Ousseini, 1976)
Rhythme de travail (1976)
Initiation (1975)
Souna Kouma (1975)
Sigui synthese: les cérémonies soixantenaires du Sigui (filmada entre 1966-1974)                                                                                                                                               
Cocorico! Monsieur Poulet (1974)
La 504 et les foudroyers (1974)
Pam Kuso Kar (1974)
Toboy Tobaye (1974)
L’an 01 (co-directors Jacques Doillon, Alain Resnais, 1973)
Dongo Hori (1973)
Hommage à Marcel Mauss: Tara Okamoto (1973)
L’enterrement du Hogan (co-director Germaine Dieterlen, 1973)
VW–Voyou (1973)
Horendi (1972)
Tanda Singui (1972)
Yenendi de Boukoki (1972)
Architectes Ayorou (1971)
Porto Novo–la danse des reines (1971)
Yenendi di Simiri (1971)
Les Tambours d’avant: Tourou et Bitti (1971)
 Mya–la mère (1970)                                                                                                                                
Yenendi de Yantalla (1970)
Petit à petit (1969)
Pierres chantantes d’Ayorou (1968)
Un lion nommé l’amèricain (1968)
Wanzerbe (1968)
Daudo Sorko (1967)
Jaguar (1967)
La goumbe des jeunes noceurs (1967)
Sigui: l’enclume de Yongo (co-directores Germaine Dieterlen, Gilbert Rouget, 1967)
Tourou et Bitti (1967)
 Batteries Dogon–elements pour une etude (co-director Gilbert Rouget, 1966)                                               
Dongo Horendi (1966)
Fêtes de novembre à Bregho (1966)
Koli-Koli (1966)
Sigui année zero (1966)                                                                                                                                    
Gare du Nord” (an episode of Paris vu par…, 1965)
Alpha noir (1965)
 Festival de Dakar (1965)
Jackville (1965)
Les veuves de quinze ans (1965)
 L’Afrique et la recherché scientifique (1965)                                                                                                                                         
Musique et danse des chasseurs Gow (1965)
Tambours de pierre (1965)
“Marie-France et Véronique” (1964)
Le palmier à huile (1963)
Les cocotiers (1963)
Monsieur Albert prophète (1963)
Rose et Landry (co-director Jacques Godbout, 1963)
La Punition (1962)
Abidjan, port de pêche (1962)
Le mil (1962)
Les pêcheurs du Niger (1962)
Urbanismé africain (1962)
Chronique d’un été (co-director Edgar Morin, 1961)
La Pyramide humaine (1961)
Les ballets de Niger (1961)                                                                            
Hampi (1960)
Moi, un Noir (1958)
Moro Naba (1958)
Sakpata (co-director Gilbert Rouget, 1958)
Baby Ghana (1957)
La Chasse au lion à l’arc (filmada 1958-1965, revisada 1965)
Les maîtres fous (1955)
Mammy Water (1955)
Bataille sur le grand fleuve (1952)                                                                                                                       
Les gens du mil (1951)
Yenendi: les homes qui font la pluie (1951)
Cimetière dans la falaise (1951)
Chasse à l’hippopotame (1950)
Les Magiciens de Wanzerbé (co-director Marcel Griaule, 1948)
La Circoncision (1948)
Hombroï (1948)
Initiation à la danse des possédés (1948)
Au pays des mages noirs (co-directores Jean Sauvy and Pierre Ponty, 1947)


ROUCH, Jean (1973) “Camera and Man” Recuperado del Jean Rouch Tribute Website.  

Material disponible en 

https://www.academia.edu/122226265/Jean_Rouch_1973_Camera_and_Man


Hasta la próxima, amigos!!!

domingo, 29 de julio de 2018

Ramon y Cajal II - El Camino del descubrimiento


            Autorretrato de Ramón y Cajal cuando era estudiante de Medicina en Zaragoza. Año 1876


Hola amigos
En esta segunda entrega de la serie sobre Ramón y Cajal he decidido compartir con ustedes algunas escenas del excelente documental sobre la vida del médico e investigador que fuera realizado por la Televisión Española en 1982.
Los nueve capítulos de la serie están disponibles en la página web de la TVE. Sin embargo, agradecemos la oportunidad de ofrecer algunos fragmentos significativos de la serie que muestran las condiciones del laboratorio emplazado en su propio hogar,  y describen el momento del descubrimiento. El Laboratorio de Ramón y Cajal con sus elementos en perfecto estado de conservación se encuentra abierto al público que quiera recorrerlo.  
Las imágenes del documental cajalino también logran plasmar la decisión crucial de literalmente de la mano a los investigadores más prestigiosos de su tiempo a ver por sí mismos en el Congreso de Berlín de 1889 los preparados citológicos que cambiaron el curso de la Historia
También incluí otro fragmento del documental donde defiende la validez de su descubrimiento cuando el paradigma vigente en neurología era diferente.
El autorretrato de 1876 que encabeza esta entrada, realizado cuando las técnicas de imagen estaban en desarrollo, nos revelan a Cajal en una composición absolutamente moderna. 
Sin sus conocimientos previos de Arte, Pintura y Fotografía jamás hubiera podido desarrollar los preparados histológicos que cambiaron la Historia de la Medicina..

Espero sinceramente que disfruten los fragmentos de la serie española de 1982, a quienes agradecemos la gentileza de poder difundirlos y  se ofrecen a continuación:

1 "¿Dónde está la red, (según la teoría reticular) que no la veo? "



 2 Instante del descubrimiento (1888)Las neuronas son individuales


                                     
  3 Defiende el fin del reticularismo, o teoría reticular





                                                  4 Congreso de Berlín de 1889



Hasta la próxima amigos!!!

sábado, 28 de julio de 2018

La deconstrucción y sus frecuentes malentendidos, según Jaques Derrida


Hola amigos.
En esta ocasión me pareció adecuado invitar al blog un artículo del filósofo francés Jacques Derrida publicado por Le Monde en 2004, a pocos días después de su muerte acaecida el 8 de octubre del mismo año.
En este artículo el filósofo procura defender los alcances del término Deconstrucción, que tantos malentendidos ha originado como su autor aclara aquí. Para empezar, nunca quiso proponerlo como un método, ni tiene reglas fijas.
Para definir el uso del término hay que contextualizarlo con otro. “logocentrismo”, definido en De la gramatología (1971: 7) como “etnocentrismo más original”, que "desde hace veinte siglos viene literalmente desplazando todo lo referido al lenguaje natural bajo el nombre de escritura." 
El filósofo se sirve del concepto para discutir los procesos históricos conducentes a toda una “metafísica de la escritura”, como aquel proceso racional derivado del ejercicio de la lectura, que deviene en la fetichización del signo escrito y el subsiguiente desplazamiento del carácter subjetivo de toda voz humana.
Es decir, ya desde las primeras páginas de su obra fundamental, Derrida establece una diferencia entre Oralidad (que aquí es referida como “lenguaje natural”) y la Escritura mediante signos que devienen en fetiches.
Esta confusión sobre los alcances de un término para recuperar el sentido oral y subjetivo de la comunicación humana, que no obstante resulta aplicado sobre los textos escritos, es criticada aquí por su autor.
La confusión sobre si acaso tal deconstrucción (un separar los elementos fundamentales para generar una mirada diferente sobre las cosas) merece aplicarse sobre las estructuras cerrada del lenguaje escrito, quizás pueda aclararse teniendo en cuenta que la Oralidad (o lenguaje natural según Derrida) precedió a la Escritura durante miles y miles de años. Sin embargo, la introducción de la Escritura, como sabemos, marcó una divisoria de aguas entre la Historia y la Pre-historia, introduciendo así un modo de ver las cosas que es definido por el filósofo como una suerte de Etnocentrismo de la palabra escrita.
Esta idea respecto de una deconstrucción que “se sale de la historia” para volver a las fuentes orales de la filosofía está presente en este artículo.

Espero que lo disfruten, así como de las imágenes escogidas para acompañarlo.

Elegí estas imágenes porque, si hubo un ámbito donde el término Deconstrucción resultó fructífero fue en Artes plásticas. Acompaño el artículo de Derrida publicado en Le Monde con una serie de imágenes donde Malena Valcárcel y Damián Ortega parten de textos impresos como material para reflexionar sobre aspectos cotidianos de la Vida que exceden toda escritura.



¿Qué es la deconstrucción?   Por Jacques Derrida

Hay que entender este término, “deconstrucción”, no en el sentido de disolver o de destruir, sino en el de analizar las estructuras sedimentadas que forman el elemento discursivo, la discursividad filosófica en la que pensamos. Este analizar pasa por la lengua, por la cultura occidental, por el conjunto de lo que define nuestra pertenencia a esta historia de la filosofía.
La palabra “deconstrucción” existía ya en francés, pero su uso era muy raro. A mí me sirvió en primer lugar para traducir un par de palabras: la primera que viene de Heidegger, quien hablaba de “destrucción”, la segunda que viene de Freud, quien hablaba de “disociación”. Pero muy pronto, naturalmente, intenté señalar de qué modo, bajo la misma palabra, aquello que llamé deconstrucción no se trataba simplemente de algo heideggeriano ni freudiano. He consagrado no obstante bastantes de mis trabajos para marcar una cierta deuda tanto con Freud como con Heidegger, y al mismo tiempo una cierta reflexión sobre aquello que llamé deconstrucción.
Es por esto que soy incapaz de explicar lo que es la deconstrucción, para mí, sin recontextualizar las cosas. Fue en el momento en que el estructuralismo era dominante cuando yo me comprometí en mis tareas, y con esa palabra.
La deconstrucción se trataba también de una toma de posición con respecto del estructuralismo. Por otro lado, fue en el momento en que las ciencias del lenguaje, la referencia a la lingüística y el “todo es lenguaje” eran dominantes.
Es aquí, hablo de los años 60, que la deconstrucción comenzó a constituirse como… no diría antiestructuralista, sino, en todo caso, desmarcada con respecto del estructuralismo, y protestando contra dicha autoridad del lenguaje.

Es por esto que siempre me he sorprendido y a la vez irritado ante la asimiliación tan frecuente de la deconstrucción a ¿cómo decirlo? un “omnilingüistismo”, a un “panlingüistismo”, un “pantextualismo”.
La deconstrucción emerge de lo contrario.
Yo comencé protestando contra la autoridad de la linguística y del lenguaje y del logocentrismo.
Siendo que para mí todo comenzó, y ha continuado, por una protesta contra la referencia lingüística, contra la autoridad del lenguaje, contra el “logocentrismo” palabra que he repetido y recalcado, ¿Cómo puede ser entonces, que se acuse tan a menudo a la deconstrucción de ser un pensamiento para el que sólo hay lenguaje, texto, en un sentido estrecho, y no realidad? 
Es un contrasentido incorregible, aparentemente.

Yo no he renunciado a la palabra “deconstrucción”, porque implica la necesidad de la memoria, de la reconexión, del recuerdo de la historia de la filosofía en la que nosotros nos ubicamos, y no obstante, pensar en salir de dicha historia.
Por otro lado, lleve a cabo ya muy temprano la distinción entre la clausura y el fin. Se trata de marcar la clausura de la historia, no de la metafísica globalmente — nunca he creído que haya una metafísica; esto también, es un prejuicio corriente. La idea de que haya una metafísica es un prejuicio metafísico. Hay una historia y unas rupturas en esta metafísica. Hablar de su clausura no conduce a decir que la metafísica haya terminado.
Así entonces, la deconstrucción, la experiencia deconstructiva, se coloca entre la clausura y el fin, se coloca en la reafirmación de lo filosófico, pero como apertura de una cuestión sobre la filosofía misma. Desde este punto de vista, la deconstrucción no es simplemente una filosofía, ni un conjunto de tesis, ni siquiera la pregunta sobre el Ser, en el sentido heideggeriano. De cierta manera, no es nada. No puede ser una disciplina o un método. A menudo se la presenta como un método, o se la transforma en un método, con un conjunto de reglas, de procedimientos que se pueden enseñar, etc.
No es una técnica, con sus normas y procedimientos. Desde luego pueden existir regularidades en las formas en que se colocan cierto tipo de cuestiones de estilo deconstructivo. Desde este punto de vista, creo que esto puede dar lugar a una enseñanza, tener efectos de disciplina, etc.
Pero en su principio mismo, la deconstrucción no es un método. Yo mismo he intentado interrogarme sobre aquello que puede ser un método, en el sentido griego o cartesiano, en el sentido hegeliano. Pero la deconstrucción no es una metodología, es decir, la aplicación de reglas.
Si yo quisiera dar una descripción económica, elíptica, de la deconstrucción, diría que es un pensamiento del origen y de los límites de la pregunta “¿qué es…?”, la pregunta que domina toda la historia de la filosofía. Cada vez que se intenta pensar la posibilidad del “¿qué es…?”, plantear una pregunta sobre esta forma de pregunta, o de interrogarse sobre la necesidad de este lenguaje en una cierta lengua, una cierta tradición, etc., lo que se hace en ese momento sólo se presta hasta un cierto punto a la cuestión “¿qué es?”
 Y esto es la diferencia de la deconstrucción. Ésta es, en efecto, una interrogación sobre todo lo que es más que una interrogación.
Es por ello que vacilo todo el tiempo en servirme de esta palabra. Lleva consigo sobre todo aquello que la pregunta “¿qué es?” ha dirigido al interior de la historia de Occidente y de la filosofía occidental, es decir, prácticamente todo, desde Platón hasta Heidegger.
Desde este punto de vista, en efecto, uno ya no tiene absolutamente el derecho a exigirle responder a la pregunta “¿qué eres?” o “¿qué es eso?” bajo una forma corriente.
Jacques Derrida

(Le Monde, 12 de octubre de 2004)

Nota del blog: Las letras cursivas son personales, no están en el artículo original.

sábado, 19 de mayo de 2018

Emociones y Neuroplasticidad, por Vivina Perla Salvetti


Hola amigos.
Esta publicación comparte algunas de las imágenes y vídeos de la Exposición "Neuroplasticidad, Evolución y Paleoantropología" ofrecida para los alumnos de MAP, de la Escuela de Kinesiología dependiente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nuenos Aires,














A continuación, comparto algunos vídeos de conceptos ofrecidos durante la clase:









Para finalizar, nos despedimos con esta magnífica conjetura de Ramón y Cajal, contrastada favorablemente mediante evidencia observable muchas décadas después:



Hasta la próxima amigos!!!

miércoles, 9 de mayo de 2018

Jean Rouch, Antropólogo y Cineasta -- Galería de imágenes



Hola amigos.
Hoy comparto una serie de fotos que preparé sobre los documentales de Jean Rouch,
Estas imágenes permiten captar el modo como Jean Rouch,  antropólogo antes que cineasta,  retrató con enorme maestría los procesos espontáneos de identidad-alteridad al interior de todo grupo.

Esto puede apreciarse con claridad en Moi, un noir (1958) y La Pirámide humana (filmada en 1959) ambas rodadas en África, de las que comparto aquí  afiches y fotogramas.

Incluyo también fotogramas de Crónica de un verano (1961) donde les recuerdo que las escenas más recordadas de la película estuvieron a cargo de Jean Rouch, no de Morín.
Para finalizar,incorporé copia del afiche original de Nanook, film de 1922, y un enlace sobre su director, Robert Flaherty.

Rouch fue un Gigante del film etnográfico, y creo que no ha sido reconocido lo suficiente.

Sirvan estas imágenes para hacerlo.























Rouch acompañaba de pequeño a su padre mientras reproducía esta película de Flaherty en el cine local. Nanook, es considerada por muchos una obra maestra del film documental en sus inicios.

Para conocer un poco más sobre Robert Flaherty, pueden acceder al sitio:


Por último, comparto el certificado oficial que otorgó el comité organizador de las Jornadas donde expuse sobre Jean Rouch:



Espero que las imágenes les hayan gustado
Hasta la próxima amigos!!!




domingo, 6 de mayo de 2018

El CONICET entrevista a la antropóloga Hebe Vessuri


                                   La antropóloga Hebe Vessuri, imágenes de archivo
Hola amigos.
Hace unos años, mientras buscaba en Internet material para una ponencia sobre el papel de las universidades en la difusión del conocimiento, me topé por primera vez con los textos de Vessuri, escritos mientras colaboraba con las Universidades de Venezuela.
Sus reflexiones giran en torno a diferentes academias de CyT latinoamericanas, insertas  en un mundo donde las representaciones sobre el carácter universal de la Ciencia, presionan económicamente, al tiempo que ignoran  las diferencias históricas y borran de un plumazo las particularidades culturales que identifican nuestros pueblos.   
Luego de dar un vistazo a sus textos y como suele suceder, no conseguí integrarlos en el material acotado, finalmente enviado y expuesto. Sin embargo, recuerdo la sensación que experimenté en ese momento respecto de inquietudes compartidas por los antropólogos latinoamericanos a la hora de pensar las particularidades de la Patria Grande.
En esta oportunidad, comparto con ustedes una entrevista que le realizara el Conicet en mayo del año pasado, con motivo del Premio John D. Bernal, otorgado por la Society for Social Studies of Science por sus contribuciones fundamentales al campo de la CyT.
La recordamos porque recientemente, el gobierno argentino, consecuente con políticas públicas de ajuste y reconocido desprecio  por todo lo vinculado con las Ciencias Sociales, ha decidido despedirla del Conicet dejándola literalmente en la calle y sin trabajo a sus 76 años.




30/05/2017 - CONICET- NOTICIAS INSTITUCIONALES

Hebe Vessuri,
la primera investigadora de Latinoamérica que recibe el Premio John Bernal

              (Hebe Vessuri, científica del CONICET galardonada. Foto: gentileza investigadora.)


La Dra. Hebe Vessuri, antropóloga investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), ha sido distinguida con el Premio John D. Bernal de la Society for Social Studies of Science (4S), que se otorga anualmente a un académico que haya hecho una contribución fundamental en el campo de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (CTS). Cabe destacar que es la primera vez que este premio se otorga a un investigador que no pertenezca a Europa o a los Estados Unidos.
Personalidad fundamental para el desarrollo de los estudios sobre la ciencia en América Latina, referente para varias generaciones que se interesaron por estos temas y se formaron bajo su influencia y consejos, Vessuri es autora y editora de 31 libros, y cientos de artículos, capítulos de libros e informes gubernamentales, escritos en inglés, español, francés y portugués.
Mediante su investigación, demostró cómo los estudios etnográficos de las ciencias pueden brindar elementos tanto para la teoría social como para la política. Su concepción de los estilos nacionales de ciencia, ciencia periférica y del papel cultural de la ciencia en los países menos desarrollados ha sido particularmente influyente el Sur Global, ayudando a dar visibilidad a los estudios CTS en los países “no hegemónicos”. 
-¿Por qué decidió ser científica?
 -No fue una decisión sino una evolución a partir de inquietudes permanentes relacionadas con un sentimiento muy básico de curiosidad y deseo de entender el mundo, que siempre me llevó a explorar temas particulares. Así, me acuerdo que cuando entré a la Facultad de Filosofía y Letras en la UBA en 1962, ya en el curso introductorio de literatura con Ana Maria Barrenechea decidí que iba a hacer mi tesis de licenciatura sobre Los nombres de Cristo de Fray Luis de León. Sin embargo, me fui enseguida de Argentina a estudiar a Inglaterra así que nunca hice esa tesis, pero la inquietud de investigar ya estaba allí. Además, me había acostumbrado a estudiar sola para preparar los exámenes de cuarto y quinto año del bachillerato que rendí libre porque me impacientaba estar en la escuela secundaria. Claro que mi mamá, preocupada cuando dejé la escuela, me exigió que fuera a trabajar (mientras estudiaba en mi casa). Así que estudié y trabajé desde los 16 años. Y a los 19 me fui a Inglaterra.
– ¿Cómo comenzó la investigación sobre su tema de estudio?
 A los 18 años comencé a estudiar la carrera de Letras en la UBA e hice una inscripción simultánea en Antropología aunque no llegué a terminar el primer año de esa carrera allí; muy pronto me fui a Inglaterra e ingresé en Oxford en Antropología donde mi tutor fue el gran Edward Evans-Pritchard. Allá estudié Antropología Social e hice mi tesis de maestría con Rodney Needham sobre los Bororo del Mato Grosso-Brasil, y la tesis de doctorado sobre el campesinado sin tierra en la zona de riego del Río Dulce, en Santiago del Estero, Argentina, bajo la supervisión de David Maybury-Lewis y Ramond Carr. De Inglaterra en 1966 pasé a Canadá donde hice docencia en universidades canadienses mientras estudiaba para mi doctorado en Inglaterra con una beca del Canada Council.
Regresé a Argentina en 1971 y fui a trabajar a la Universidad Nacional de Tucumán, desarrollando una línea de investigación referida a la organización familiar y laboral entre los obreros rurales de los ingenios azucareros en esa provincia.
En 1976 me trasladé a Venezuela acompañando en el exilio a mi esposo que también era antropólogo e investigador del INTA, y por azar caí en un área de trabajo sobre política y transferencia de tecnología en el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) de la Universidad Central de Venezuela donde también estaba, entre otros argentinos, el Dr Manuel Sadosky. Comencé trabajando sobre formas de organización tecnológica en la agricultura venezolana, el sistema de roza y quema, la reforma agraria, la explotación agrícola familiar. Un par de años más tarde ya estaba trabajando en firme en los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, en un compromiso formal con la institución de desarrollar un programa de posgrado en ese campo y el programa de investigación correspondiente. De esa forma, el CENDES tuvo el primer programa de estudios CTS en América Latina, con colegas venezolanos que acaban de regresar del SPRU (Science Policy Research Unit) en la Universidad de Sussex. Llevé profesores  visitantes de Inglaterrra, Francia, Canadá, Colombia y Brasil para que nos asesoraran, y logré firmar un Convenio inter-institucional CENDES-CONICIT por diez años para desarrollar el área de Ciencia y Tecnología en esa institución.
Fue un período enormemente creativo en un medio local abierto y ávido de cambios. Recuerdo que mi primera investigación en esa área fue el estudio de la institucionalización de la Catálisis en Venezuela, que parecía muy relevante para un país petrolero. A ese estudio siguieron muchos otras investigaciones, en la que fui tratando de incorporar a estudiantes que serían los futuros investigadores CTS de Venezuela.
-¿Cuál es la dimensión social de la ciencia y la tecnología a lo largo de la historia, y actualmente?
 -La ciencia en Argentina ha resurgido en el siglo XXI después de varias décadas de destrucción y éxodo de buena parte de su potencial humano de relevo, lo que resultó en tremendos huecos y non sequiturs que todavía se observan en la institucionalidad científica en el presente y que marcan un paisaje de modernidad y sofisticación coexistiendo con abismos profundos de atraso o carencia. Celebro el resurgimiento y los logros alcanzados, especialmente en la recuperación de la actividad científica como compromiso de vida, con dedicaciones exclusivas y crecimiento de nuevas generaciones de científicos a través de los varios planes públicos de formación y perfeccionamiento, la reconstrucción de la misión de investigación como parte consustancial de la vida universitaria, aunque falta mucho por consolidar y desarrollar. La Argentina ha venido haciendo esfuerzos para una retomada rápida de desarrollos que en décadas pasadas se han venido dando en otros países de la región que siguieron avanzando cuando Argentina quedó rezagada. No debería perderse el impulso porque sin el respaldo público y privado adecuados se corre el riesgo de perder los logros rápidamente y en un mundo globalizado la circulación de competencias nos haría perder talentos valiosos que el país pudiera aprovechar mejor. Ha habido fuertes avances en el acercamiento de la ciencia a la sociedad, sin embargo es necesario trabajar en múltiples frentes con programas claros y de mediana y larga duración que no se interrumpan por procesos o resultados electorales.
La expansión y aceleración de la interconectividad global tiene implicaciones socioeconómicas e ideacionales significativas que reconfiguran el sistema internacional. El mundo ha entrado en una era nueva y la institución científica también ha cambiado. No es la misma que a mediados del siglo XX, se hace y funciona en una realidad muy diferente.  La actual narrativa descriptiva del conocimiento la muestra como una red con múltiples nodos y conexiones, y como un sistema dinámico muy diferente de la noción común hace unas pocas décadas de una estructura básica lineal de retórica disciplinaria. La metáfora de unidad, junto con los valores de universalidad y típicos del pasado reciente  han sido en buena medida reemplazados por otras que enfatizan la pluralidad y la relacionalidad en un mundo complejo. Las formas de evaluación de la actividad científica en el ámbito internacional están cambiando de manera acorde. Acá observo también intentos de cambio en ese sentido, aunque todavía demasiado tímidos y que reflejan un sistema tradicional y burocratizado que puede eventualmente frustrar vocaciones y talentos.
 -¿Cómo supo que había sido galardonada con el premio John D. Bernal?
 –Recibí un mensaje por correo electrónico de la presidenta de la Society for the Social Study of Science (4S). No tenía la menor idea de que hubiera sido nominada al Premio por algunas personas. Y en todo caso sigo sin saber quiénes fueron. Fue un momento de alegría y satisfacción para mí pues representa el reconocimiento de un esfuerzo sostenido por muchos años desde los márgenes donde siempre considero que he estado, tratando de lograr entusiasmar a otros, jóvenes y viejos, a que trataran de entender las complejas relaciones de la ciencia, sus disciplinas, formas de organización, epistemologías, métodos y estructuras cognitivas con las culturas y sociedades humanas de las que son parte. En particular me interesó estudiar las causas de lo que parecía el fracaso persistente de construir sociedades modernas, abiertas, más equitativas en América Latina. El papel de los científicos y de la ciencia en todo esto prometía ofrecer algunas claves para entender, especialmente en escenarios como Venezuela, mi país de adopción en la década de los setenta, en el contexto de una “nueva” democracia plena de entusiasmo y creatividad, así como de mi país de origen, la Argentina, golpeado por los oscuros años de la dictadura y la represión. Descubrí que los científicos estaban genuinamente interesados en discutir el futuro del país y de la región. De una u otra forma, esta preocupación por entender el rol de la ciencia y de los científicos en el mundo en desarrollo me ha acompañado desde entonces.
He trabajado sobre jerarquía y estratificación en la organización social de la ciencia, las modalidades del quehacer científico en las periferias del mundo en desarrollo y las estrategias de los científicos en los países del sur global para hacer visible su trabajo. Una premisa de mi trabajo ha sido estudiar el dilema entre o bien usar/hacer ciencia para responder a los desafíos de las sociedades locales o bien el intento de científicos por integrarse potencialmente a la corriente principal de la ciencia siguiendo las agendas internacionales. Me ha guiado el reconocimiento de que el conocimiento está “situado”, y he tratado de estudiar algunas de las trampas del juego de la ciencia internacional complicado por las reglas de las estructuras de financiamiento y la filantropía. Una y otra vez me sorprendí dándome cuenta que comunidades científicas del Norte, más fuertes, redescubrían ideas propuestas y discutidas por grupos de científicos en al Sur global, que en el camino perdían el rastro de su origen por la “invisibilidad” de la ciencia más allá de los centros mundiales.
Pienso que el tener una relación particular con “lo nacional” porque tuve que exiliarme tempranamente de mi país y porque a pesar de que me incorporé en cuerpo y alma a Venezuela siempre me sentí extranjera allí, al igual que en Brasil, Canadá, Inglaterra, México y en todos los lugares donde me tocó vivir en algún momento, me ayudó a desenvolverme en agencias, comisiones y programas internacionales con una visión creo que tal vez más genuinamente internacional y universal, advirtiendo diferencias, asimetrías y elementos compartidos. Siempre me sentí latinoamericana y traté de entender lo que eso significa en el concierto dinámico de naciones y bloques mundiales. Como una constante de mi trabajo, desde mi tesis de doctorado sobre los temas de igualdad y jerarquía en un campesinado pobre en Santiago del Estero, he tratado de explorar las formas y causas de las desigualdades, asimetrías e inequidades en la búsqueda de un mundo mejor.
Ahora, desde el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas del CONICET, donde me he encontrado con un grupo excelente de colegas más jóvenes, quiero acercarme a diversos “sitios” de conocimiento en esa vasta región, para conocer cómo viven científicos, ingenieros, técnicos, profesores, obreros, empresarios. Todos son necesarios, todos son valiosos para construir un país, una región, una comunidad.
-Es la primera vez que se otorga este galardón a un investigador por fuera de Europa y Estados Unidos, ¿por qué cree que es así?
-Creo que tal vez sea que, como lo manifiesto en mi nota de aceptación del premio, “con el tiempo se vuelve genuinamente posible un esfuerzo más internacional a través del cultivo de la diversidad”. Me reconforta que tal vez signifique que las distancias se van disolviendo y perdamos los miedos a medida que conozcamos mejor a quienes son diferentes de nosotros. Tenemos un maravilloso idioma, el castellano, que nos une aunque también nos separa en un mundo globalizado que se comunica en inglés. Sin embargo, es cada día más fácil aprender nuevas lenguas y se vuelve cada día más factible contar con traductores automáticos que contribuyen a vencer las barreras idiomáticas, que tanto han impedido que se conozca mejor la producción intelectual de la región. Creo que al darme el Premio Bernal se reconoce la existencia y avances de una comunidad de investigación en América Latina que habla español y portugués y que aporta al caudal común del conocimiento en el campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología.



Hasta la próxima amigos !!!