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viernes, 28 de julio de 2017

Armando Reverón III - Entrevista al Dr. Artiles Huerta


                                            El Patio del Sanatorio, 1953
 (Realizado durante la última internación del pintor)

Hola amigos.
En esta entrega comparto con ustedes la entrevista ofrecida por el Dr Héctor Artiles Huerta a sus 94 años, y quien fuera médico residente del Sanatorio dirigido por Baez Finol y por tanto testigo privilegiado de la última internación del pintor y su fallecimiento ocurrido durante la remisión de la crisis psiquiátrica, mientras estaba preparándose para volver a su estudio a pintar.
Sus expresiones revelan un profundo humanismo médico y permiten conocer un poco más la personalidad de Reverón, y de los efectos de la mirada culturalista en psicoanálisis, aplicada por médicos que se animaron a ponerla en práctica y cuya difusión lamentablemente quedó trunca al no lograr formalizarse académicamente.
Artiles Huerta refiere sus impresiones como joven médico residente. Apoya la observación de Baez Finol respecto del mundo teatral creado por el artista, y con el que el artista profundizó su interacción luego de comenzar a psicoanalizarse con Baez Finol: la elaboración de tales artefactos respondían a la necesidad de luchar con sus padecimientos de salud mental, derivados de enfermedades que afectaron el SNC:
“La historia merece reescribirse... Estar enfermo no es ningún delito, es parte de la condición humana. Cualquier persona puede sufrir algún inconveniente psiquiátrico y sobreponerse. Sin duda alguna, el caso de Reverón es excepcional. A pesar de su enfermedad, nos legó una obra monumental” insiste Artiles Huerta.

El resaltado en el texto es propio

Espero sinceramente que la disfruten.


Entrevista al Dr. Héctor Artiles Huerta. médico residente que acompañó a Reverón durante su última internación

(Realizada por Edgar Abreu, Carmen Acosta y Luis Enríquez, y publicada en la recopilación de Juan Calzadilla “Los Laberintos de la Luz. Reverón y los psiquiatras”)

Héctor Artiles Huerta, como joven médico residente fue uno de los médicos de Armando Reverón que estuvo desde su última crisis hasta el instante final con el artista. Para el momento del fallecimiento, Huerta ejercía como joven médico residente del sanatorio San Jorge. Actualmente, tiene 94 años de edad y guarda en su memoria una infinitud de recuerdos sobre sus vivencias en el sanatorio y sus encuentros con el pintor.
En su casa de retiro se dedica a la lectura, a recibir visitantes, a la vida familiar y a reconstruir los últimos momentos del pintor. Es un hombre pausado y jovial. Cuando habla, todo se transforma en una película muy antigua. Las imágenes de una Caracas ya extinta se asoman en cada momento, y sus manos se hacen pasadizos para fantasmas que vienen cargando sacos y fotografías.
Nos abre las puertas de su pequeño estudio lleno de diplomas y libros, y se sienta presto a dar respuesta a todas las interrogantes. Una vieja radio flanquea su escritorio mientras en la cocina se prepara el almuerzo del día. Detrás del escritorio asoman varios ejemplares de su libro Casos clínicos, en el cual se reseñan las historias psiquiátricas de varios pintores venezolanos, entre ellos, Reverón.
Uno a uno señala los títulos de las obras y los nombres de los artistas. Nada parece escapar a su memoria. Impávido en su sillón, da la imagen de ser un retrato, no de un doctor retirado, sino de un galeno que acaba de ofrecer una consulta o charlar con algún artista en problemas. En el bolsillo de su guayabera guarda una pequeña libreta, que le sirvió como agenda buena parte de su vida.
Parece ser el libro de los secretos, y mientras pasa las hojas amarillentas, comienza a hablar.

Armando Reverón es considerado uno de los pintores más importantes de Venezuela, ello se debe al valor de su obra plástica y creativa; pero otro tanto de esa fama le ha venido por la leyenda que existe en torno a su supuesta “locura”. Es común escuchar el calificativo de loco en cuanto a Reverón se refiere.
 A usted, ¿qué opinión le merece esto?, ¿cómo califica a Reverón?

Artiles Huerta: Reverón era paciente del doctor Báez Finol. Tenía mucho tiempo enfermo. Cuando llegó, era su tercera crisis. No hacía el tratamiento porque se desaparecía. Báez Finol lo trajo como un amigo, no como un paciente hospitalizado. Yo lo había conocido de muchacho en Macuto cuando vivía cerca de Las Quince Letras. Cuando estaba bien, era una maravilla, una persona excepcional. Tenía una personalidad muy particular. No se alimentaba bien y sometía a su cuerpo a situaciones extremas. Se amarraba a nivel abdominal una faja que separaba su parte inferior de la parte superior. En esa tercera intervención, el sanatorio San Jorge estaba en estado de mengua, muy mal, deteriorado. Yo, como médico, lo describo como un enfermo que padeció una sintomatología psiquiátrica caracterizada por muchas alucinaciones. De esa última crisis se recuperó y estuvo ocho días antes de morir en el Museo de Bellas Artes. Estaba muy bien, compartió con sus amigos y los allegados a la exposición.
Nosotros, clínicamente, concluimos que la meningitis que Reverón sufrió de niño en Valencia lo afectó mucho, también los factores hereditarios pudieron influir en su enfermedad.

La psiquiatría moderna desarrolló muchas teorías para definir las patologías mentales, a la par de la atención clínica y las distintas variantes de medicamentos. Trasladando esto al caso de Reverón, ¿qué tan confiable fue el diagnóstico psiquiátrico?, ¿puede equivocarse la psiquiatría?

AH: La psiquiatría cumplió con el tratamiento que ameritaba Reverón; pero nada nos garantizaba que fuera a mejorar porque él tenía mucho tiempo enfermo. En esa época no existían los avances de hoy en día, no contábamos con los aparatos para estudiar el cerebro o las herramientas para diagnosticar con mayor precisión. Reverón contó con toda la atención que le pudimos brindar. Ahora han cambiado los métodos y la medicación; pero en ese momento se hizo todo lo posible para que él sanara de su patología.


En la historia del arte existen muchos ejemplos de grandes personajes o creadores que fueron señalados con algún tipo de patología mental, quizás uno de los ejemplos más semejantes a Reverón (por tratarse de un pintor) es Vincent Van Gogh, incluso se puede mencionar a Goya. En este sentido, ¿qué relación guarda la creación o la genialidad artística con la llamada locura? ¿Cómo definiría usted desde la psiquiatría este hecho?

AH: En el caso de Reverón, era un alucinado; sin duda, sufrió una lesión en el cerebro que lo hacía padecer esas crisis. Uno le veía muy bien y de pronto se desplomaba, entraba en estados muy difíciles. Su sistema cerebral no actuaba a nivel normal y se perdía. El artista es un hombre como todos, solo que posee características especiales. Sabemos que en la Historia hay ejemplos de grandes artistas con trastornos psiquiátricos; sin embargo, eso no implica nada, solo que enferman como cualquier persona. El cerebro es un órgano sumamente delicado. Si se lesiona de niño, esa lesión puede estar presente el resto de la vida y manifestarse en una edad avanzada. Salir de un cuadro psiquiátrico severo producto de lesiones es muy difícil. Los pacientes pueden vivir períodos de vida sin alteraciones, pero cuando se manifiesta la sintomatología, lo hace de manera grave. Cuando pintó el Patio del sanatorio, yo estaba al lado de él; antes se había fabricado sus materiales. Otro día amaneció muy bien y se quedó viendo a César, que era el encargado de seguridad en la parte de los hombres, y lo pintó. Esos cuadros son bellísimos.

¿Qué le manifestaba Reverón en los encuentros del sanatorio?

AH: Contaba de todo, de sus viajes, de sus proyectos, de pintura, de El Castillete. Pero lo más especial era cuando recordaba su encuentro con Juanita, a quien conoció una tarde de Carnavales.
En esos encuentros, su manera de expresarse era perfecta. Hablaba mucho de Ferdinandov (un amigo pintor de su juventud) y de lo que compartieron. Su memoria era prodigiosa. Se preocupaba mucho por sus lienzos, al igual que por las muñecas y su mono. Los días que estaba bien salía a fabricar sus pinceles o a ver el patio. Era un hombre sumamente sereno cuando se concentraba en algo. Tenía cualidades de profesor. Pintando el cuadro del patio del sanatorio, me decía: “Mire, doctor, cómo sale el árbol”. “Mire dóctor, aquí, la sombra”. “Mire, como se va haciendo esto”. Utilizaba los dedos para pintar con una habilidad tremenda, no le hacían falta pinceles.


Desde el punto de vista social, se puede definir a Reverón como un personaje fuera de lo convencional, un transgresor de los moldes. ¿Cree usted que su comportamiento obedecía a una rebeldía?

AH: No era rebeldía, era una enfermedad que afectaba su cerebro e incidía en el comportamiento. Cuando estuvo en Europa, nunca enfermó. Él tenía grandes proyectos y mantenía una normalidad en su vida. Se enamoró de Juanita y juntos construyeron un hogar. De esa manera actúa un hombre normal. Desarrolló su arte. Pero, sin duda, hizo grandes esfuerzos toda su vida. Era una mente creativa que luchaba contra su enfermedad, esto es muy difícil. De pronto estaba pintando, concentrado en su obra, y en medio de las crisis dejaba todo, se olvidaba de la pintura y decía: “Ya, ya, ya, no pinto más”. Las enfermedades de la mente son impredecibles.

¿Se aprovechó de la obra de Reverón gente vinculada con el arte? ¿Cree usted que el calificativo “loco de Macuto” fue la estrategia para aprovecharse económicamente de Reverón?

AH: Claro que sí, prácticamente lo robaban. Por un cuadro le daban cinco u ocho bolívares. Era muy inocente, los daba por nada, a veces los cambiaba por cosas sin ningún valor o utilidad. La obra de Reverón no está totalmente catalogada. Hay gente que tiene un Reverón en su posesión y nunca lo ha mostrado. Los coleccionistas y gente adinerada fueron los principales vivos. En esa época no había leyes que protegieran a los artistas o a los creadores, y Reverón era un hombre sumamente desvinculado del mundo. Sin duda alguna, muchos se aprovecharon de él.

Con respecto a Juanita, la compañera de Reverón, ¿qué nos puede decir?, ¿llegó a conocerla?,¿qué impresión le causó?

AH: Era una mujer maravillosa. Murió mucho tiempo después. Lo cuidaba mucho y estaban enamorados de verdad, no como ahorita que se ven todos esos novios que de novios no tienen nada. Sufría cuando lo veía mal y subía a visitarlo al sanatorio con la esperanza de que mejorara como un hombre normal. Vivió momentos difíciles y sabía quién era Reverón. En el sanatorio, Reverón preguntaba por ella y siempre pedía que la cuidaran.

¿Quién debe entender a quién, el arte a la psiquiatría o la psiquiatra al arte?

AH: La psiquiatría como profesión y ciencia es muy rica, igual que el arte. Los dos campos del mundo son parte de la historia de la humanidad. Pero el arte debe entender a la psiquiatría porque es una ciencia nacida para ayudar a la mente. Hay artistas que son una maravilla, otros padecen desequilibrios. Allí es necesaria la psiquiatría para entender a ese artista, para saber por qué hace eso. Casos así hay muchos en el mundo de la creación.

¿Cómo vivió la muerte de Reverón?

AH: Eso fue horrible, un día trágico. Era sábado y las enfermeras me llamaron a la habitación. Reverón tenía una insuficiencia cardiaca muy grave, estaba muy mal. Nosotros ya habíamos comunicado la situación a la prensa y a los medios de comunicación del momento. Se trataba de un personaje público, él era Venezuela pura, como un gran deportista o una gran personalidad. Desde el mediodía había empeorado mucho y falleció a las dos y media de la tarde. Ese día se fue el pintor del pueblo, un hombre humilde, sin ninguna otra aspiración que pintar sus cuadros y regalarnos con su arte el retrato de nuestro país.

¿Cómo se debe recordar a Reverón?
AH: La historia debe rehacerse, ya que se han falseado muchas cosas sobre Reverón, especialmente con respecto a su enfermedad. El estigma de loco le ha hecho mucho daño a la verdad. En vida se le llamaba el “Loco de Macuto”. Una gran mentira porque Reverón no era ningún loco, era un gran hombre, estaba mejor ubicado en la vida que muchos que se llaman cuerdos.  Su obra así lo demuestra, ese es el mejor testimonio de su grandeza. Hay que imaginarse a un hombre con ese talento, con esas cualidades para la pintura, construyendo todo un mundo mientras luchaba con sus padecimientos de salud. Estar enfermo no es ningún delito, es parte de la condición humana.
Cualquier persona puede sufrir algún inconveniente psiquiátrico y sobreponerse. Sin duda alguna, el caso de Reverón es excepcional. A pesar de su enfermedad, nos legó una obra monumental, y eso tiene un valor inmenso.

(En la próxima entrega compartiré fotos del Castillete y de las esculturas textiles del artista Armando Reverón)
                                                            Hasta la próxima amigos!!!


viernes, 21 de julio de 2017

Armando Reverón II - Baez Finol y el psicoanálisis culturalista

                          (Autorretrato que registra cómo tiene puesto el silicio para pintar)

Hola amigos.
En esta oportunidad es un placer compartir con ustedes fragmentos de la conferencia que el Dr. Báez Finol, ofreció en el año 1955, en Caracas, luego de la muerte de Armando Reverón.
Estuvo inédita hasta el año 1981, cuando fue publicada por Francisco D´Antonio. Es un texto fundamental para aproximarse al período vivido por Armando Reverón en el sanatorio San Jorge de Caracas, Venezuela.
Pero también, representa un hallazgo para aproximarnos a la mirada culturalista en psiquiatría.


Tal como he compartido en otro trabajo, los culturalistas constituyeron una corriente de psicoanalistas que prestaron atención a la advertencia del antropólogo Edward Sapir respecto del carácter de las especulaciones antropológicas elaboradas por Freud, particularmente las que esbozó a partir del texto Tótem y Tabú en 1912.
Los culturalistas reconocieron la validez del método psicoanalítico, pero rechazaron de plano las teorías especulativas freudianas.
En cambio, aplicaron en profundidad el clásico método de inferencia clínica, descripto en el Corpus Hipocrático, a partir del cual la experiencia vital y concreta de cada paciente se constituye en la fuente de validación analítica.


Este grupo de médicos, que profundizó el método hipocrático, pronto se dio cuenta que la "herida narcisista" del discurso freudiano profundizaba en gran manera la angustia de los pacientes agudos.
Pero por lo que vale la pena revisar este  abordaje particular es porque este grupo obtuvo gran éxito en psicoanalizar a psicóticos y conseguir la remisión de los síntomas, algo imposible según Freud.  




El siguiente informe nos permite observar cómo el Dr Baez Finol analizó la patología psiquiátrica de Reverón de una manera integral. Es decir, presumiendo sus antecedentes de encefalitis, y tratando de interpretar la conducta adaptativa  del “Universo reveroniano” para comprender el mundo que el paciente había construido.
Además, el registro objetivo del mundo propio del paciente le permitió desde la clínica observar cómo tal universo se disipaba con la remisión de las crisis psicóticas.
Me tomé la libertad de subrayar en negrita las frases que pueden ofrecernos pistas sobre este tipo de psicoanálisis, que respeta al paciente, procura no hacerle daño, y en cambio, ofrece soporte psíquico mediante establecer una relación terapéutica con el paciente, con el firme propósito de contener su angustia y contribuir a la superar las crisis.



El éxito obtenido mediante este abordaje psicoanalítico, ampliamente documentado, introduce la reflexión sobre la enorme medicalización de los problemas mentales en la actualidad., y cuestiona el carácter irreversible de las categorías psiquiátricas descritas en el DSMS.
El modo en que tal manual resulta funcional a la rentabilidad empresaria (compañías farmacéuticas, manicomios, y amigos de lo ajeno) es un tema que excede el tema de esta serie sobre Reverón.

Espero sinceramente que disfruten del informe.





Conferencia del Dr. José A. Báez Finol,1955

Dice Erasmo de Rotterdam en su libro El elogio de la locura, que Homero, para ensalzar a Telémaco, lo llama frecuentemente “atolondrado” y que los poetas griegos, en sus tragedias, daban a menudo este epíteto a niños y a jóvenes, considerándolo de buen augurio; tal parece haber sido el caso de nuestro Armando Reverón (a quien) alguien le dijera algo semejante y al referírselo él a uno de sus maestros, este le replicara: “Te felicito, Armando, porque te sacaron del montón”. Y en efecto aquel feliz augurio se vio completamente realizado, cuando a través de los años Armando Reverón fue destacándose hasta convertirse en un genial representante de nuestra pintura.
De manera, pues, que lejos de lesionar su personalidad haciendo un bosquejo a vuelo de pájaro del proceso de su enfermedad, lo que pretendemos es hacer conocer una parte interesante de la vida del artista. Hombre interesante este Armando Reverón, y si recordamos lo que dijo López Ibor: “En todo hombre interesante hay algo de dinamita”, este pensamiento se concreta en Reverón, pues ha sido un auténtico revolucionario de nuestra pintura.

Conocemos en la literatura una lista de grandes hombres mentalmente enfermos. Se discute todavía hablando del estado mental de Van Gogh, si era un epiléptico o un esquizofrénico, pero es lo cierto que la actividad más intensa de su vida parece haber sido la de su mayor productividad psicótica. Todos estos ejemplos ponen directamente sobre el tapete la eterna discusión sobre Genio y Locura, dónde termina lo normal y empieza lo patológico.
En Reverón se daba el caso interesante de que cuando estaba psíquicamente perturbado, cuando su enfermedad mental hacía esas tremendas crisis agudas alucinatorias, su producción artística decrecía hasta llegar a hacerse completamente nula; cuando comenzaba nuevamente su recuperación mental recobraba paralelamente su extraordinaria sensibilidad plástica.
El deseo de trabajar en su arte era el signo más completo de su recuperación anímica y era un hecho cierto que de no sorprenderlo la muerte habría continuado creando nuevas obras para su propio deleite y de los admiradores de su arte. En ninguna de esas obras ni en las pintadas a raíz de su primera crisis mental aguda de 1945, ni en las producidas en su última hospitalización, se observa signo alguno de deterioro; todo lo contrario, hay un resurgimiento completo. En Reverón, lo artístico y anímico eran cosas que marchaban paralelamente.
Esto explica en gran parte que, en todas sus composiciones, apuntes y dibujos, no se advierta ningún rasgo de flaqueza espiritual, ningún signo donde podamos descubrir características de su estado de enfermedad mental. Ninguno de sus cuadros fue hecho o ejecutado en trances agudos semejantes y por esa razón no se advierte fenómeno alguno que pueda traducirnos en sus diferentes cuadros su locura.
Tal la eterna discusión sobre Genio y Locura, el deslinde preciso de dónde termina lo normal y empieza lo patológico.
Me parece difícil contestar ese problema y solo un examen cuidadoso de cada caso particular nos podría dar la respuesta definitiva.
En nuestro Armando Reverón encontramos el dato proporcionado por sus compañeros, que siempre poseyó una personalidad rara. Pero el hecho cierto que no admite ningún género de duda es el de que Reverón, como Van Gogh, padeció de perturbaciones mentales agudas que hicieron necesario un tratamiento intensivo.
Estableciendo comparaciones entre uno y otro artista, no podemos afirmar que la mayor productividad de Reverón coincidiera con sus etapas de mayor enfermedad psíquica, como sucedía en Van Gogh.
Reverón poseía, como el gran Leonardo da Vinci, la escritura en espejo, lo cual es considerado como una característica de los individuos zurdos. Esto tiene importancia para demostrar que los dos hemisferios cerebrales, aunque anatómicamente iguales, no son equivalentes y que en Reverón, debido a su izquierdismo primitivo, hecho después ambidextro por razones de educación, había un predominio del hemisferio derecho.

Cuando traté por primera vez a Armando Reverón en el año de 1945 tenía 56 años de edad.
Había ingresado a la clínica por dos razones importantes: la primera, porque desde hacía meses venía presentando trastornos de tipo mental agudo; y la segunda, porque se había descuidado en la pierna derecha una tremenda ulceración que lo incapacitaba totalmente para efectuar cualquier tipo de trabajo; incluso la movilización era sumamente dolorosa. Había permanecido dos días y dos noches en la Escuela de Artes Plásticas, aferrado a no dejarse ver por ningún médico ni a concurrir a ninguna clínica; sin embargo, merced a los esfuerzos de su amigo de siempre, Manuel Cabré, y de los hermanos Monsanto, Bernardo, Antonio, Edmundo, pudo Reverón ser ingresado al sanatorio; cargado por estos amigos llegó al sanatorio, ya que estaba imposibilitado para caminar. Su actitud era sociable y cordial hasta donde puede ser sociable y cordial un ser humano con la tremenda miasis que se había dejado nacer en el pie, dejando que las larvas proliferaran. Venía con una actividad motora considerable y, a pesar de la lesión que presentaba en la pierna, continuamente ejecutaba movimientos. Se mostraba exaltado, por momentos irritable y observaba una conducta absolutamente desordenada.

Su lenguaje era completamente incoherente y la asociación de ideas era tan desordenada que no se comprendía lo que hablaba.
Como una muestra de la charla deshilvanada y absurda del Reverón de aquella época, puede leerse en la historia lo siguiente:
(…) Todo por el centro, el doctor por en medio escribiendo y los enfermos por los lados preguntando qué desean”. (...) “He hecho dos cruces para demostrar cuatro y cuatro”. (...)
“Yo no sé por qué se cayó la cocina estaba acostumbrado del lado de acá; el cuadro de los Monteroles significa que están hechos de una cosa como si fuera el monte.
Se advierte fácilmente que las ideas no fluían de manera lógica y coherente, sino completamente bloqueadas unas de otras.
En sus reacciones emocionales se notaba un estado de ánimo agitado. Su actitud facial era la de un continuo de mímica.
Parcialmente desorientado en el tiempo, pues ignoraba la fecha y el día, pudo fácilmente decir que estaba recluido en una clínica pero que no veía ningún enfermo, a pesar de los varios que existían. Cuando se le preguntaba la razón que había tenido para descuidar tanto su lesión del pie hasta el punto de haber dejado que proliferaran incontables larvas, expresaba que era gran admirador de la naturaleza y que esas larvas también tenían derecho a vivir.

A pesar de su gran desorden psíquico, Reverón salió de la clínica tres meses después rejuvenecido y regresando a Macuto, a donde se dio por entero a su labor.
Era muy parco al hablar de asuntos familiares y cada vez que se le interrogaba se inhibía profundamente, y ese estado de inhibición relativa no lo abandonó ni siquiera en los últimos momentos de su vida.
No fue lactado por la madre sino por una nodriza. A los dos años fue llevado a Valencia.
El joven Reverón era sociable y juguetón en aquellos tiempos; con sus compañeros se bañaba en el Cabriales y con flejes de barriles macheteaba los peces dentro del río. Posiblemente esto lo llevó a contraer una fiebre tifoidea alrededor de los doce o catorce años de edad y desde entonces experimentó un cambio en su personalidad: se volvió retraído y le gustaba permanecer mucho tiempo en su casa; el médico y sus padres opinaron que no volviera al colegio porque el cerebro no andaba bien.
Haciendo una hipótesis retrospectiva, es muy probable que Reverón haya presentado una inflamación del cerebro y de sus envolturas, una verdadera encefalitis que contribuye a explicar la personalidad rara que lo acompañará después en el transcurso de su vida. Ya para esa época rasgaba pedazos de sábanas y en ellos pintaba casitas y paisajitos con agua de cola.
Es obvio decir que de esa primera estadía de Reverón en la clínica (1945) salió física y psíquicamente recuperado; regresó nuevamente a su pintura y produjo una gran cantidad de cuadros cuya calidad artística han podido admirar Uds. en la presente exposición
Reverón se negó a pintar en el sanatorio y tan solo conservamos un dibujo a lápiz-tinta que hiciera de mi persona. Se negó a pintar porque decía que él allí no había venido a pintar sino a curarse, pero ya de regreso al rancho de Macuto agarró de nuevo los pinceles con el entusiasmo de siempre.
En el enfermo mental común se observa generalmente una tendencia a dibujar y a pintar, y la interpretación es valiosa para la mejor comprensión del caso; en Armando Reverón sucedía lo diametralmente opuesto, pues al enfermar se colapsaba su pintura.
Cuando Reverón ingresa por segunda vez a la clínica el 23 de octubre de 1953, ya hacía tiempo que venía enfermo, aproximadamente desde noviembre de 1952. Vivía en un estado de completa dejadez y como poseía un carácter fuerte no permitía los cuidados de aseo más elementales.
Juanita, la paciente y consecuente esposa del artista, hacía lo que materialmente le era posible hacer, pero en realidad la situación de Reverón era lamentablemente dantesca. En esa época yo había sufrido un accidente desgraciado que me tenía inmovilizado en cama, pero una vez que pude agarrar mi maletín fui a visitarlo y lo encontré profundamente alucinado auditivamente: oía la voz de María Santísima y del Padre Eterno que le ordenaban a dónde debía dirigir sus pasos. En vista de esa situación y a ruego de Juanita, su amigo de siempre Manuel Cabré, su amigo y admirador Armando Planchart y yo, en una mañana soleada del mes de octubre de 1953, fuimos a buscarle.

Con una docilidad de la cual yo mismo quedé sorprendido, nos vinimos en el Cadillac, manejando Armando Planchart, Manuel Cabré adelante, y yo en la parte posterior del automóvil con Reverón. Verificaba ruidos con la boca y hacía esfuerzos para echar afuera esa molestia interior, lo cual no dejaba ciertamente de preocuparnos a los tres que veníamos acompañándolo. Ejecutaba movimientos laterales constantes con los miembros superiores y repetía de manera continua, ya hospitalizado: “Mientras yo tenga eso no puedo dormir con la señora”. La charla coherente por momentos se hacía completamente inconexa e incomprensible.

Para el día 23 de noviembre (luego de un mes de internación) encontramos que el cuadro mental se ha modificado favorablemente de manera considerable y estuvo cuatro días sin verificar los ruidos estertóreos y soplidos con la boca; se le ha visto más cuidadoso en su persona y se baña regularmente después de los tratamientos. Aprovechamos la oportunidad de convencerlo para afeitarse la barba y el cabello, que constituían para ese entonces el problema higiénico de mayor magnitud: gatoso como estaba, se olvidaba de las nociones más elementales de aseo; cuando comía, los desperdicios se esparcían por su enorme barba de “Padre Eterno”, como él mismo solía llamarse, y eso produjo lesiones de dermatitis en la piel de la cara.
Se ha considerado como una gran irreverencia haberle rasurado la barba a Reverón, pero consideren Uds. si no fue una cosa necesaria y perentoria hecha en beneficio de la salud del paciente. Por lo demás, él mismo se prestó de mil amores y no hubo otra complicación a este respecto.
Su vida transcurría plácidamente dentro de la Institución y cuando se le hablaba de regresar a Macuto preguntaba si lo estábamos corriendo; no quería regresar sino cuando estuviera bueno.
A pesar de no haberse librado por completo de sus alucinaciones, Reverón ya esbozaba una crítica sobre su estado y se daba perfectamente cuenta de que esas sensaciones extrañas no eran normales, por lo cual decía: “A eso lo mejor es no hacerle caso”.
Concurría a menudo a las exposiciones verificadas en este museo y en la exposición de Rafael Ramón González estuvo discutiendo los valores pictóricos de sus distintos cuadros. Eso demuestra claramente una conservación completa de los conocimientos adquiridos, aun en medio de la crisis aguda por la cual todavía transitaba.
Es interesante hacer notar que Reverón, cuando se le sugería que pintara algo, decía: “Hoy no tengo ganas, yo solo pinto cuando tengo ganas”, y así era en efecto, de manera que actuando suavemente era la mejor manera de orientarlo.
Con toda la amplitud del caso, Reverón escogía sus modelos dentro del personal y de los pacientes hospitalizados, observando que todo fuera espontáneo de ambas partes. Y pudimos establecer que no solo el pintor mejoraba con este sistema de terapéutica ocupacional basada en su propio arte, sino que muchos de los modelos, estimulados porque se sentían importantes posando para Reverón, también experimentaron una mejoría sensible de sus cuadros psíquicos.
Para el psiquiatra el concepto de lo mágico desempeña un papel particularmente importante; el pensamiento mágico y la actuación mágica constituyen características de un sinnúmero de estados mentales, el simple acto de pensar o de gesticular es la traducción efectiva de conseguir un objetivo o de llevar a la realidad un deseo o impulso determinado. Ello se observa muy claramente en Reverón, quien antes de pintar se rodeaba de todo un ceremonial o ritual predeterminado: usaba una vestimenta especial, parte de la cual han podido ustedes observar en el ambiente reveroniano colocado a la entrada de la presente exposición; ejecutaba una serie de movimientos, calzaba unas sandalias especiales, y después de toda esa serie de preparativos atacaba el lienzo y pintaba apasionadamente. Era casi como el ritual de un sacerdote ante el altar sagrado.
Pero hay algo más en todo ese proceso de usar amarras apretadas alrededor de la cintura, en los brazos y las piernas; con estos artificios sobrevenía una falta de circulación sanguínea, lo que traía inmediatamente como consecuencia un adormecimiento de los diferentes segmentos afectados, y esta forma de anestesiarse, aunque fuera parcialmente, era la mejor manera que tenía de alejarse de su propio yo, de ponerse insensible y de trasladar toda su esencia y presencia a los confines de la propia tela.
Esa manera de pintar girando continuamente en movimientos, acercándose para retirarse luego, tocar el borde de la tabla para seguir dando pinceladas, no constituye otra cosa sino la forma de objetivar su pensamiento presente en su personalidad.
Reverón hablaba de una manera simbólica y cada palabra representaba un concepto, un contenido, un pensamiento; era una manera de hablar neologística, pero en la cual traducía su manera de actuar y de pensar.

La existencia de un cuadro de hipertensión arterial nos hizo ser sumamente cautos en el tratamiento.
Obligatoriamente prescribimos un régimen medicamentoso y una dieta alimenticia adecuados, los cuales dieron resultado apetecible, pues el paciente trabajaba en su pintura sin dar grandes muestras de cansancio; esa mejoría le permitía igualmente salir con frecuencia acompañado de un enfermero y muchas veces conmigo mismo. Otras, no quería salir para ninguna parte esperando la visita de Juanita, quien regularmente lo visitaba.
Reverón fue durante toda su vida un carácter esquizoide y por ello entendemos una personalidad rara, alejada de la realidad, aislado del trato normal con las personas, aunque sus contactos con la realidad permanecieron superficialmente imperturbados.
(…..)
El carácter esquizoide como el de Reverón de vez en cuando hace sus crisis de verdadera enfermedad, de verdadera esquizofrenia como sus crisis del 45 y la última del 52.
Reintegrado nuevamente a la clínica, continuamos el tratamiento psicoterápico preciso que veníamos efectuando.
El componente místico-religioso que tan presente había estado desde su ingreso fue desapareciendo lentamente hasta borrarse por completo, y esta mejoría definitiva de Reverón nos hizo formular planes para llevarlo a Macuto dentro de poco tiempo. Pero el día 18 de septiembre de 1954, a las 3:45 de la tarde, sufrió de un cuadro de hemorragia cerebral de carácter grave que lo dejó sin vida tres horas después. Ya a las 6 y 43 minutos de la tarde Reverón se había apagado, pasando definitivamente a la inmortalidad.
Diez días antes había visitado el Nuevo Circo (el Circo de Toros, como él decía) porque deseaba pintar un cuadro, para lo cual necesitaba el caballete grande, sus muñecas, los cuernos de un toro guardados allá en uno de los caneyes del rancho, y la confección de un traje especial porque en la composición figuraba una Manola a la usanza de Sevilla. Este fue el último cuadro que vislumbraron sus pupilas y que no pudo realizar. Todo lo planeó perfecta y artísticamente, y cuando seis días antes de sufrir la hemorragia cerebral que le causara la muerte almorzó en mi casa, el tema durante todo el ágape fue la corrida que iba a pintar en el Nuevo Circo.
Había olvidado por completo el contenido místico-religioso del lenguaje presente cuando ingresara a la clínica, cuando era el “Padre Eterno”, Juanita una virgen y oía las voces de los santos apóstoles ordenándole lo que debía hacer. Todo hacía prever que planeáramos su regreso a Macuto para el mes de octubre, pero no pudo ser así y ahora nos queda el vacío de la inconformidad por la pérdida de nuestro admirado amigo.



La Conferencia en su totalidad está disponible en la compilación de Calzadilla “Los Laberintos de la Luz. Armando Reverón y los psiquiatras”



                                                          Hasta la próxima amigos!!!

sábado, 15 de julio de 2017

Armando Reverón I - Galería de sus obras




               


Hola amigos.
En esta oportunidad doy inicio a una serie de entradas dedicadas a la obra del artista Armando Reverón (1889-1954) considerado el más importante pintor venezolano, y también quien sufriera de las incomprensiones vinculadas con su enfermedad mental.
Hay un amplio consenso en Venezuela respecto que Reverón escapa de las clasificaciones que ofrece el Manual diagnóstico y estratégico de los trastornos mentales(DSMS) También encontramos un acuerdo casi unánime entre los psiquiatras a partir de 1955 respecto que su obra no es producto de su perturbación.
El médico Artiles Huerta, quien como joven médico residente acompañó a Reverón durante su última internación psiquiátrica, comenta que la creacíón de toda una escenografía teatral de muñecas de tela, y de artefactos realizados con elementos reciclados con los que el artista interactuaba, como un ambiente que le permitió luchar con sus padecimientos de salud mental en un entorno seguro. Los médicos que lo atendieron sostienen que sus delirios y la tortura mental que padecía, derivaban de enfermedades que afectaron el SNC:
“La historia merece reescribirse. Estar enfermo no es ningún delito, es parte de la condición humana. Cualquier persona puede sufrir algún inconveniente psiquiátrico y sobreponerse. Sin duda alguna, el caso de Reverón es excepcional. A pesar de su enfermedad, nos legó una obra monumental “y eso tiene un valor inconmensurable.

Inicio esta serie sobre el pintor con una Galería de algunas de sus pinturas, organizadas según las realizara durante su juventud, seguidas de la etapa Azul, la Blanca que lo hiciera conocido, y finalmente, la etapa Sepia.
No puedo dejar de mencionar que mi primer contacto con la obra de Reverón lo tuve de manos de mi padre, cuando realicé un viaje a Venezuela durante mi adolescencia y él había recibido en su Galería de Arte varias pinturas, entre las que se encontraba un enorme cuadro de este artista. Luego de separarse de mi madre, mi viejo había decidido alejarse del mundo de la elaboración, venta y distribución de específicos farmacéuticos, como se los llamaba en Venezuela, y comenzar esta nueva etapa de su vida introduciéndose de lleno en el mundo del Arte, con el que estaba familiarizado ya que mi abuelo era un prolífico pintor aficionado y dos de mis tíos habían terminado la formación en Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Mi padre solía hacer bromas al respecto: “Como no sé pintar, soy crítico de Arte”
Así que recuerdo cuando mi padre vino a la Argentina el año siguiente de separarse de mi mamá, para revalidar la matrícula de Martillero Público, constancia fiel de uno de sus varios estudios juveniles. Una vez reinstalado en su nueva ocupación en Venezuela, pudo realizar varios viajes a Europa que le permitieron visitar los Grandes Museos y comenzar a organizar Subastas de Antigüedades y Obras de Arte en Caracas, donde también le fue bastante bien. Durante mi viaje tuve oportunidad de visitar por primera vez la Galería de Arte que había abierto a fines de la década de los años sesenta.
Recuerdo perfectamente que me llamo poderosamente la atención un cuadro con las formas apenas perfiladas sobre un fondo color marfil. La entera situación quedó fijada en mi memoria porque cuando intrigada le pregunté a mi papá “¿De quién es?” todavía hoy recuerdo el eco del tono de voz de mi viejo, ubicado en el otro lado de la Galería:  
“Ah, es de Armando Reverón, el más grande pintor venezolano.”


                                El Rancho (1931)




         Uveros (1942)


                                               Autorretrato realizado en 1910


                                    Carúpano  Oleo sobre M;adera (1918)

                                                 Los Baños de Macuto  

                                                    La Cueva (1920, etapa Azul)

                                    Cocoteros en la playa (1926, etapa Blanca)


                                          Paisaje con rancho (1924)
                                                               

 
                                                   Mujer con mantilla (1933)


Espero que les haya gustado
Hasta la próxima amigos!!!

jueves, 13 de julio de 2017

Se desenreda el misterio de las lineas Nazca en el Perú


Hola amigos. En esta oportunidad comparto novedades recibidas del Grupo de Arqueólogos del Perú y de la agencia de noticias RT.
El misterio para resolver del propósito de las líneas Nazca se encontró obstaculizado durante muchos años porque para algunos investigadores resultaba desconcertante la ausencia de alguna evidencia que demostrase que el sitio se utilizaba para efectuar algún ritual mágico o para pedirle ayuda a los dioses.
Desde espirales a monos, llamas y flores, estos dibujos de no más de 30 centímetros de profundidad, creados entre los años 100 y 700 d.C. y que cubren unos 500 kilómetros cuadrados, solamente pueden observarse en su totalidad desde el aire. Por eso, las imágenes obtenidas por satélite han sido fundamentales para determinar que su origen estaría relacionado con el manejo del agua, publica el sitio Motherboard.      
Rosa Lasaponara, integrante del Consejo Nacional de Investigación de Roma, ha explicado que el factor determinante para la resolución del misterioso propósito de las líneas Nazca, está relacionado con unos pozos en forma de espiral llamados puquios y ubicados cerca de los geoglifos.


Gracias a fotografías obtenidas por satélite se pudo observar que esos pozos se encuentran conectados con canales de agua subterráneos, lo que significa que forman parte de un sistema de acueductos.


Los geoglifos señalan la ubicación de los pozos en espiral, y revelan un sofisticado sistema de irrigación.

Conclusiones 
De modo similar que pudo observarse la integración de diferentes referencias cognitivas espacio-temporales para identificación con el entorno que emergen del cercano observatorio solar de Chankillo, los avances sobre las líneas Nazca que las vinculan con el manejo de recursos hídricos, confirma una vez más, que los pueblos antiguos procuraban la identificación con su entorno, en una relación de integración adaptativa con el medio.



Estas conclusiones científicas, difieren bastante de la que insisten que las líneas Nazca eran pistas para aterrizaje extraterrestre. Disfruten las fotos.

                                                      Hasta la próxima amigos!!!

sábado, 8 de julio de 2017

El misterio de Chankillo, el Observatorio y Calendario Solar más antiguo de América

       Vistas desde arriba, las 13 torres parecen el lomo una inmensa iguana descansando en el desierto.
Hola amigos
Es un placer compartir con ustedes la revalorización que se está llevando a cabo respecto de un observatorio y calendario solar ubicado en el Perú.
La notable construcción, realizada hace 2.200 años, nos invita a pensar el modo en que algunos pueblos lograron integrar tiempo y espacio, los cielos y la tierra en una sola construcción.
En la actualidad, lo primero que llamativamente salta a la vista es la similitud que presentan sus torres y el formato de los pasadizos vinculantes, con la forma de una enorme lagartija, de esas que se mueven rápidamente bajo el sol del mediodía.
La luz del sol que se filtra entre las torres permite saber en qué altura del año solar uno se encuentra, tal como el informe explica con más detalle. Esta linda lagartija, seguramente ofrecería una guía de cultivo a los pobladores del lugar. Por tratarse de un tipo de emplazamiento que carece de grabados religiosos, obliga a revisar los supuestos que vinculan la observación de los cielos exclusivamente con las prácticas rituales.
Se lo vincula con un misterio porque no hay manera todavía de saber quienes lo construyeron.

Agradezco la gentileza del informe al Grupo de Arqueólogos del Perú, y espero sinceramente que lo disfruten

El Misterio del Chankillo

"Representa una obra maestra del genio creativo humano", según el organismo de la Unesco que sustenta su postulación como Patrimonio de la Humanidad. 
Estos edificios de piedra son parte de Chankillo (o Templo de las 13 torres) considerado el observatorio solar más antiguo de América, según el arqueólogo Iván Ghezzi, director del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y director del Proyecto Chankillo.
Los arqueólogos calculan que el lugar estuvo habitado entre el 500 y el 200 a.C. (hace unos 2.200 años). El complejo, ubicado en Casma, Áncash, a unos 365 kilómetros al norte de Lima, en la costa peruana, servía para señalar con gran exactitud los solsticios, equinoccios y una serie de fechas a lo largo del año, a partir de la posición del Sol. Chankillo se encuentra a unos seis kilómetros del océano Pacífico, pero entre ambos se elevan las Lomas de Mongón. "Estos cerros son una barrera natural a la neblina, lo que explica en parte la visibilidad excepcional del observatorio", explica el arqueólogo.


Las 13 torres, que miden entre dos y seis metros de altura, se alinean de norte a sur a lo largo de la cresta de una colina. También se puede inferir que la forma que sus torres imitan el lomo de una iguana del desierto, no es casual, y nos habla de un enorme y profundo conocimiento del entorno temporo-espacial. “Es un ejemplo magistral del uso del paisaje para medir el tiempo”, según la Delegación Permanente de Perú en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
¿Cómo funciona este antiguo calendario solar que permite conocer la fecha hasta hoy?
Calendario Solar de notable precisión 
El 21 de diciembre, cuando en el hemisferio sur es el solsticio de verano, el Sol sale por la derecha de la primera torre del extremo derecho. A medida que avanza el año, se va moviendo entre las torres hacia la izquierda. Se puede saber en qué fecha estamos al ver qué torre que coincide con la trayectoria del Sol al amanecer. El 21 de junio, o el solsticio de invierno en el sur, el Sol sale por la izquierda de la última torre del extremo izquierdo. Luego, el Sol se va moviendo hacia la derecha, para volver otra vez en diciembre a salir por la torre del extremo derecho.

“Los habitantes de Chankillo habrían podido determinar la fecha con una precisión de dos a tres días” dice el organismo especializado.

"No estamos atribuyendo fines astronómicos de entre innumerables posibilidades, sino viendo indicaciones directas de los cuatro puntos solares y de algunos días del año", escribieron Ghezzi y Clive Ruggles, profesor de Arqueoastronomía de la Universidad de Leicester, Reino Unido, en un artículo para la revista Science en 2007.
"A diferencia de otros "observatorios" del mundo, que marcan inequívocamente sólo una o dos fechas, las observaciones en Chankillo cubren todo el ciclo anual del Sol", dice la sustentación para que estas ruinas se conviertan en Patrimonio de la Humanidad. Por estos méritos, Chankillo fue inscrito en una lista preliminar de lugares propuestos como Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco.
                                 Interior de una de las Torres
¿Quién construyó Chankillo?
Chankillo fue edificado por una civilización "lo suficientemente organizada para construir este gran monumento en un periodo relativamente corto, quizá sólo 25 años", dice Ghezzi.
Pero todavía no se puede identificar quienes fueron, debido a la imposibilidad de correlacionar el registro del Chankillo con el estilo de otras construcciones conocidas. La evidencia arqueológica solo permite inferir que pertenece a una cultura aún desconocida, de aproximadamente el año 200 a. C., que no está relacionada aún con las culturas preincaicas. Para identificar a los constructores, Ghezzi cree que todavía "hace falta saber mucho más sobre su modo de vida, religión, o idioma".

El misterio sobre quienes la construyeron y por qué, constituye un estímulo para seguir adelante. 

Información Gentileza del Grupo de Arqueólogos del Perú.
Hasta la próxima amigos!!!